La poética cromática 

Octavio Paz recupera en su obra El arco y la lira, el sentido dado por los griegos       -en especial Aristóteles-        a la Poiesis: «Para Aristóteles la pintura, la escultura, la música y la danza son también formas poéticas como la tragedia y la épica, () Una tela, una escultura, una danza son a su manera, poemas. Y esa manera no es muy distinta al poema hecho de palabras. ()   

Colores y sones también poseen sentido. No por azar los críticos hablan de lenguajes plásticos musicales. Y antes de que estas expresiones fueran usadas por los entendidos, el pueblo conoció y practicó el lenguaje de los colores, los sonidos y las señas.   

Como en muchos otros lugares de México, Zacatecas ofrece un paisaje urbano y humano con la magia del mestizaje y del barroco. También existen bellas edificaciones neoclásicas como el Palacio de la Gobernación, actual museo de Goitia, o los claustros de la colonia, llenos de colores, de la mejor pintura y escultura Zacatecana, intervenidos con vigas de acero, con pasadizos metálicos con sobrios colores, que convierten en un placer y un encanto, el deambular del viajero del arte. Territorios que desde el tiempo de la independencia, jugaron un papel muy importante en las luchas libertarias, y posteriormente en la partición del territorio Mexicano, que perdió grandes territorios en beneficio de Estados Unidos. También sufrió la violencia, el desenfreno y el lirismo sangriento de la revolución, que segó gran parte de la vida Zacatecana. Hoy en día la ciudad palimpsesto, ofrece arqueologías de lo urbano,  de una magia sorprendente: callejuelas que se convierten en pasadizos los cuales de pronto estallan en hermosas plazas coloniales, presididas por exquisitas iglesias barrocas. También se puede volar por encima de la ciudad con el teleférico, para poner los pies en la Plaza de la Independencia, donde se erigen las esculturas de los próceres de la revolución, sin tener en cuenta las tierras de minerías de gran profundidad, donde ahora anidan discotecas de alto voltaje y rayos laser multicolores. De la cultura gastronómica se podría hablar mucho rato con platos variados y llenos de sabias conjunciones de esencias y sabores, para no dejar tampoco por fuera los bellísimos colores.    

 Un Museo Abstracto

Es extraño, ¿Es un museo la tumba o el tesoro de las obras maestras del arte? ¿Es un mausoleo como señalaba Adorno? ¿Es un archivo de la memoria que sufre el mal de archivo como indica J. Derrida? También es curioso que un museo sea abstracto, como se puede apreciar en su fachada exterior el museo abstracto de Manuel Felguérez en Zacatecas es lo menos abstracto que uno se pueda imaginar y sufre del mal o del bien de la estética llamada post-moderna: co-habitación de lo antiguo, lo moderno, y de lo más contemporáneo. Fue, como muchos museos latinoamericanos, primero cárcel para los delincuentes y hoy cárcel para los cuadros vivientes al igual que el Museo Nacional de la Ciudad de Bogotá o de el mismo Museo Coronel de Zacatecas. Lo cierto es «que todo esto suceda en Zacatecas es doblemente significativo, no sólo porque Manuel Felguérez nació en ese estado, sino porque la historia estética de esta ciudad pareciera ir en contracorriente del arte abstracto: Catedral con notable fachada barroca, calles y edificios de acentuado espíritu virreinal, pero en gran parte de origen decimonónico y de principios de siglo XX. (…)

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Cuando Manuel Felguérez nació en la finca de Valparaíso sus padres ya estaban preocupados por el futuro del niño. Las cosas andaban mal por esas tierras y se vaticinaba una expropiación, dadas las medidas gubernamentales para una reforma agraria, que culminaría uno de los proyectos de la Revolución Mexicana. De familia acomodada, Manuel pasó a la condición de ciudadano a pie, y tendría que recurrir a becas y donaciones para su formación artística. Luego de sus estudios en París, comenzó a realizar pequeñas esculturas de motivos populares. Aprovechó las olimpiadas de 1968 para realizar motivos deportivos, destinados a los kioscos turísticos y a su venta en los hoteles. Obtuvo con ello un buen éxito según cuenta el mismo artista. Luego se sumarian las esculturas de pequeño formato, como modelos para grandes esculturas en el espacio público o como objetos de exhibición en los espacios privados.

La técnica de la escultopintura es un fenómeno que surge con las vanguardias artísticas, y tiene un gran parentesco con el collage. En este caso, la escultopintura intenta sustraerse al aburrimiento de la mirada planimétrica, incursionando en el volumen, en otra dimensión, para convertirse en un híbrido, que ya no es propiamente ni pintura ni escultura sino escultopintura. El muralismo mexicano ya había incursionado en esta técnica con prodigiosas y monumentales obras de David Alfaro Siqueiros, como eco y apropiación del dinamismo óptico, generado por el Futurísmo Italiano.    

Con el grito de ¡Independencia! proferido por los jóvenes rechazados del salón oficial, con motivo de cumplirse el Primer Centenario de la Independencia Mexicana, se inició la revolución cultural y el rechazo absoluto de la llamada «Estética Porfirista», cuyo reinado había alcanzado la edad de 45 años.  A esa estética europeizante, se le opuso una estética identitaria, que hacia hincapié en la autonomía cultural mexicana, rescatando valores, rostros y fenotipos nacionales. De esta manera se fue configurando la llamada escuela de arte revolucionario, cuya fuente de inspiración reposaba en las mismas entrañas del «México Pre-Corteziano». Se indagaron por las técnicas utilizadas por los Aztecas en los frescos, la arquitectura, las grandes esculturas y sobre todo en las narrativas de la vida nativa antes de la conquista.

Un peso grande, cuya influencia se desplegó por todo el Continente Americano, desencadenando un movimiento de «búsqueda de las raíces». La explosión abstraccionista, impulsada por Manuel Felguérez, tuvo que enfrentarse a ese «peso» del imaginario artístico del PRI (Partido Revolucionario Institucional), iniciándose una nueva senda del Arte Mexicano.