Por: Jaime Xibillé Muntaner

 Su padre le dijo: «Nunca, jamás dejes los bosques.» Es algo que resuena en todos nosotros, por nuestra condición de asediados por un afuera absolutamente peligroso, engrandecido y aumentado, por noticias que vemos a diario y por las horrendas muertes que ha provocado el virus en su expansión, abandonando en muchos casos los recintos cerrados y privados. La desaparición obligada de los fallecidos se convierte en visiones dantescas cuando salen de su encierro y se transforman en espectáculo global, como en las hogueras sin fin que ardieron en muchas ciudades de la India y junto al Rio Sagrado: El Ganges. No salgan niños, no salgan jóvenes, no salgan adultos y mayores, pues el planeta arde de contaminación, de contagios, de muertos. En caso necesario las hordas militares y policiacas tomaran los espacios públicos para llenarlos de un vacío aterrador, esperando que el invasor invisible no ataque a la población indemne. Toques de queda, gritos de guerra, algarabías apocalípticas, son anuncios de que la sociedad civil y su manera, graciosamente civilizada de teatralizar su vida cotidiana se ha roto. En un sentido similar en el mito de origen cristiano, Dios se preocupa  para que sus hijos de origen virginal, eviten salir del Paraíso, pues si lo hacen, se encontrarán con un mundo yermo que tendrán que humanizar a través del trabajo y sudor de la frente. Para salir, habrá que comer del árbol del conocimiento, lo cual elevara la arrogancia de sus hijos, que traicionando el voto primigenio, ahora se aventuran desamparados por el destino que los espera, cargando la arrogancia de su conocimiento elevado y cayendo en la hübrus griega: el desatino, el desequilibrio entre la tierra y el cielo.

Esta serie nos va mostrando el viaje a través de mundos complejos. Ya mencionamos la relación con la aparición de un extraño virus y de sus efectos en el dispositivo genético, que llega a producir una nueva especie humana: el hibrido. El niño y nosotros también, nos vemos enfrentados a admitir en nuestras topologías cerebrales, en nuestras huellas más profundas, a nuevas alteridades que posiblemente aparezcan a primera vista como detestables y monstruosas, todo lo extraño y ajeno así lo es, aprendiendo a convivir con seres que piensan de una manera completamente diferente y cuyo comportamiento aún no sabemos descifrarlo, y lo mismo sucede con esos extraños que han aparecido en nuestra vida. El virus también ha producido una pandemia social, no solamente biológica y que nos lleva a crear, inventar o reproducir formas de vida, que ya creíamos desaparecidas del planeta tierra. Así es el primer lugar de refugio de Gus, viviendo en una casa abandonada del bosque, puesta en condición de habitabilidad para ellos dos, sembrando sus propios vegetales y productos agrícolas, para lograr tener un territorio autosuficiente. Esto también esta sucediendo actualmente, en un mundo que ha ido abandonando poco a poco, los pequeños poblados para desplazarse hacia las grandes urbes, creando en ellos economías de auto sustento y un mercado de trueque.  La bioingeniería ya es capaz de desarrollar seres híbridos, y solamente ha sido contenida en su desencadenamiento, por las leyes que regulan una ética de lo que se puede pero no se debe hacer. Pero aún así, la eugenesia avanza a pasos agigantados, vivimos entre ciborgs que no dudan en instalar nano computadoras por todo su cuerpo, con el fin de crear cuerpos más allá de lo natural, más allá de lo conocido, para alcanzar unos posibles cuyo final no esta aún determinado. ¿Será que Gus, con su nacimiento en laboratorio, ha emprendido estos pasos?