Jaime Xibillé Muntaner.

Doctorado en Historia & Arte.

Cuando Caesar convence a Cora de escapar de la plantación Randall, sus vidas inician un viaje delirante, donde historias diversas se entremezclaran de forma onírica, con persecuciones, cazarrecompensas, violencia colectiva, paraísos tramposos, farmacéuticas sin escrúpulos, pasajes llenos de esperanza, de moda, de lujo. Puro espejismo, pues el tren subterráneo, los conducirá a las fantasmagorías de la libertad, y de una humanidad que deben recobrar a fuerza de voluntad, de empeño y creatividad. Ellos descienden a los  laberintos, encontrando estaciones imposibles, para llegar a ellas a veces se tendrán que descolgar por escalerillas colgantes, para descubrir solamente rieles, que indican la existencia de maquinas locomotoras. Algunas estaciones se encuentran cerradas, otras son del futuro, y a veces son tan fantásticas que se pueden cruzar los espacios y tiempos: al entrar a la cafetería o al llegar a la taquilla, para comprar un billete que los conduzca a tierras fértiles y propias, donde las comunidades «Afro», puedan desplegar su existencia con propósitos y sentidos, un lugar sin siervos, obligados a decir permanentemente «amos», «patrón», «señor», a todos los que con orgullo y soberbia, se yerguen por encima de ellos, legitimando con «blancura» su dominio.