Por: Laura Frau

Quiero dar la bienvenida a Laura Frau, psicóloga, psicopedagoga y madre, entre muchas otras facetas polifacéticas, que se suma al equipo de colaboradores de la sección Familia y Amigos. Feliz de contar contigo, querida Laura.

Inma Alcina.

Me gustaría hablar de algo que me parece muy importante en la vida familiar, el amor auténtico hacia nuestros hijos/as, desde mi vivencia y mis aprendizajes, y transmitir mis descubrimientos, por si a alguien le son de utilidad. 

Dentro de la educación y crianza respetuosa, a veces hay términos, ideas y principios que se pueden mal entender y no es oro todo lo que reluce. Hay que poder hacer un trabajo de pensamiento crítico (no de juicio), de separar el grano de la paja y entender a qué se refiere cada término para no caer en la sobreprotección y la rigidez, en el extremismo y el dogmatismo, porque la crianza respetuosa huye de eso, ya que es el mismo perro con diferente collar. 

Una de esas cosas, que se pueden malentender, es el amor incondicional que se procesa a los hijos/as. ¿Qué significa amar incondicionalmente? ¿Significa amar a tu hijo/a pase lo que pase, haga lo que haga? Para mí, no; para mí va mucho más allá y es más profundo. 

Amar incondicionalmente a los hijos/as significa amarlos tal y como son. Tan simple y tan complejo a la vez. Implica amarlos más allá de lo que hacen o dejen de hacer. Tiene que ver con poder amarlos/as completos/as, con todo lo que hay, con su luz y su sombra, viendo la totalidad de quienes son, independientemente de si nos gusta o no. 

Amar incondicionalmente significa aceptar eso que no me gusta de ti, eso que también has dicho o has hecho que yo creía que era imposible que tú hicieras; poder verlo y aún así, seguir queriéndote. No es negarlo; la negación “en defensa tuya” no tiene nada que ver con ese amor. 

Amar significa ver la sombra para acompañarte a ti, hijo/a mío/a, en tu camino de aprender a mirarla, a verla, aceptarla e incorporarla en tu ser; porque eso te hace un ser íntegro, sano y con recursos. 

Mi labor es mostrarte lo obvio, para que aprendas a distinguir entre éste y tu imaginario; de otro modo, lo que hago es reforzarte las neuras y acrecentarlas. Desde el amor, te ayudo a verlas, no las sostengo. Amar significa aceptar que tú también puedes transgredir, agredir, cuidar, amar y mirarte con amor cuando otros te juzgan. 

Amar incondicionalmente significa no endiosarte, ni juzgarte, sino ver tu humanidad y salir del enamoramiento maternal o paternal para entrar en el auténtico amor.

Amar a tus hijos de forma completa. ConCiencia Magazine

Dicho así, casi todos diréis “eso hago yo”, pero hay una pequeña variable que influye mucho: 

Para amar a tus hijas/os en su totalidad tienes que hacerlo primero contigo y eso significa verte las partes feas, esas que no te gustan y amarlas también. Para eso hay que hacer un trabajo profundo, porque las obviedades de lo que no me gusta de mí, normalmente son minucias respecto a lo que realmente hay. 

Significa no vivir en el juicio, ni hacia ti ni hacia ningún otro/a. No ponerme nunca por encima o por debajo ni de mis hijos/as ni de padres, madres u otros niños/as; y hay muchas formas de hacerlo sutilmente, desde el pensamiento de yo lo hago mejor o mi hijo/a es mejor, más respetuoso, más bueno que el tuyo, etc., hasta discursos culpabilizadores: “cómo tu hijo le ha hecho tal cosa al mío, en lugar de decir que han tenido un conflicto” y otras muchas variantes de la agresión pasiva. 

Significa conocer lo no resuelto, los mandatos familiares y el funcionamiento de mi ego para no proyectarlo sobre mis hijos/as y que acaben siendo víctimas de mis propias neuras y mis rigideces. 

Significa tener la suficiente humildad para que cuando alguien me muestra, desde el amor, algo que no me gusta de mis hijos/as, me lo replantee en lugar de defenderles o mantenerme inamovible en mi idea. 

Entender que el amor sólo existe desde la autenticidad, la verdad y la coherencia; que si yo miento, por el motivo que sea, mis hijos/as seguramente también lo harán, porque eso es lo que yo les transmito.

Si no soy capaz de resolver y buscar soluciones, sino que cuando hay algo que no me gusta simplemente me retiro, eso será probablemente lo que haga mi hijo/a. Le será más difícil elegir la opción de solucionar y quedarse, de asumir su propia responsabilidad ante lo ocurrido.

Significa entender que, en la vida, todos somos uno y que la respuesta está en limar asperezas y encontrar formas de acercarnos, no formas de separarnos de los demás cuando algo no me gusta. 

Amar incondicionalmente es un aprendizaje. Cuanto más capaces seamos de amarnos en toda nuestra completitud y de amar a otros de esta forma, más sabremos amar a nuestros hijas/os de forma completa. 

Por: Laura Frau

Psicóloga, psicopedagoga y madre, entre muchas otras facetas polifacéticas.