En el mes de octubre 50% de descuento en la suscripción anual. ¿A que esperas? quedan:

Día(s)

:

Hora(s)

:

Minuto(s)

:

Segundo(s)

Cap III - Jesucristo era negro - ConCiencia Magazine

AVANCE DEL LIBRO «JESUCRISTO ERA NEGRO» CAP III · Ramon Rossell

Oct 9, 2020 | Poesía & Sensibilidad

Por: Ramon Rossell

El Jesucristo de la piel negra, el verdadero protagonista de esta historia, les encomendó que, junto con sus hijas, enseñaran la sabiduría del bosque africano por todo el mundo.

 

CAPÍTULO III

Aunque yo esperaba que fuera él quien lo hiciera, no fue Dadá quien me contó algo acerca de mi misión de vida. Un anciano del poblado me dijo:

—Bamba, no pienses en lo que dejas atrás cuando empieces a recorrer tu camino de vida. Ten siempre presente que no es suficiente con expresar la fe y la confianza en Jesucristo.

Pensé que, tal vez, el viejo de la tribu desconfiaba de mí, pero mi mirada no se lo hizo saber. Mis ojos, que son grandes y muy verdes, respondieron a sus palabras con vivos brillos.

El viejo caminaba a mi lado, con un paso lento y atento a los movimientos del águila que se posaba en su hombro. Cuando el anciano se paraba, el águila levantaba el vuelo en busca de alimento. Luego, el viejo prosiguió con su enseñanza:

—Bamba, no bastará con que hables de Jesús desde el agradecimiento.

Sus enigmáticas palabras me dejaron pensando: ¿qué quiso decirme?, ¿cuál era el mensaje?, ¿cómo podría descifrarlo?

En otras conversaciones que había mantenido con él, sus palabras me habían resultado claras y me habían ayudado enormemente a despejar las dudas existenciales que a todos, en algún momento, nos ocupan.

—Sí, Bamba, es necesario que cumplas tu misión de vida y la forma en que debes hacerlo es poniéndote al servicio de las enseñanzas de Jesús y a favor de la verdad; pues fue Jesús quien nos reveló que el Espíritu Santo protegería a los hombres —sentenció el anciano.

No supe qué responder a sus palabras. Y no me pareció que él estuviera esperando una respuesta de mi parte, así que me puse a darle vueltas a lo que me había dicho, a intentar comprenderlas, pues parecían importantes para mi futuro. Debía extraer el importante mensaje que, sin duda, intentaba ofrecerme.

Desde muy pequeña me habían hablado de las enseñanzas de Jesucristo. En el poblado nos referíamos a la figura de Jesús de Nazaret como el Jesucristo de la piel negra. Siempre tuve la intuición de que las enseñanzas de Jesucristo eran la esencia de la verdad. Y cuando miraba su imagen solo podía sentir eso mismo. Bajo su pelo largo me lo imaginaba regalando su discurso valiente y liderando con él el bien y la paz.

Cap III - Jesucristo era negro - ConCiencia Magazine

Recuerdo que aquella noche extendimos las mantas alrededor de la hoguera para sentarnos el sabio de la tribu y yo. Eran noches frías y el cielo estaba cubierto de nubes que ocultaban poco a poco a la luna.

El sabio y yo nos quedamos observando el cielo en silencio durante unos minutos. Un suave viento nos trajo las primeras gotas de lluvia y poco después nos trajo el olor a tierra mojada que hoy todavía puedo recordar intensamente con solo cerrar los ojos.

Aún en silencio, cruzamos nuestras miradas y el viejo atizó un poco la llama de la hoguera para que soportara la lluvia.

Faltaba poco para que llegara la medianoche y el viento se volvió más ligero. Aunque no sabía si estaba haciendo bien, rompí el silencio porque sentí la necesidad de profundizar en nuestra conversación, debía saber más sobre lo que la vida me tenía reservado.

—¿Cómo sabré si he fallado en mi misión de vida?

Después de mostrarme una sonrisa como si estuviera esperando mi pregunta, el sabio me contestó:

—No hay fallos, Bamba. La vida de todas las personas siempre es para bien. No es posible fallar, como no hay fallos en la vida de Jesús.

Me costaba seguir las palabras del sabio. Y eso que parecían muy claras, pero entonces yo solo era una niña. Pensé en lo que ya sabía sobre la vida de Jesús, que no era mucho, la verdad. Sabía que vivió en Galilea y que cuando tenía treinta años empezó a predicar una doctrina que atraía a la gente del pueblo, pero que no gustaba nada a las autoridades. También sabía que la gente humilde que vivía cerca del lago de Genesaret siguió al maestro Jesús allí donde fuera. 

En el poblado me habían explicado que, mediante parábolas, Jesús proclamaba la necesidad de ser compasivos, de ayudar a los pobres, de trabajar por la paz… Ah, y que nos amáramos los unos a los otros, eso también. Recordaba muy bien que me hablaron del llamado sermón de la montaña, porque nos enseñaron que en ese sermón podríamos conocer todo su pensamiento de forma resumida.

El anciano me sacó de mis pensamientos cuando retomó la conversación como si continuara con palabras mis propios pensamientos:

—La predicación de Jesús, que cada vez arrastraba a más gente, inquietaba en la misma medida a las autoridades de la ciudad, que temían ya el respeto y el liderazgo que la gente le otorgaba al maestro. Muchos veían en él al mesías que tenía que liberar al pueblo judío de la ocupación extranjera, justo como anunciaron los antiguos profetas. Como tú conoces bien, Bamba, Jesús fue enviado a comparecer ante el gobernador romano bajo la acusación de haberse proclamado rey de los judíos. Ya sabes qué ocurrió, Bamba. 

Hizo una pausa, pero respondió él mismo lo que yo ya sabía tan bien. —El gobernador lo condenó a morir crucificado.

La historia de Jesús se resumía en que era el hijo de Dios, que su padre lo había enviado al mundo, naciendo del seno de María y de la fuerza del Espíritu Santo, para cumplir como hombre su misión mesiánica de vida hasta la cruz y finalmente, la resurrección. Digamos que no era del todo fácil asimilar esa gran historia para una niña de tan corta edad como era yo entonces.

El sabio me aclaró algo importantísimo para entender todo un poco mejor.

—Aquella misión salvífica del hijo de Dios bajo la apariencia de un hombre, la llevó a cabo Jesús gracias a la potencia del Espíritu Santo.

Antes de continuar la conversación, el sabio me ofreció un trago de agua.

—Sé que, para una niña de tu edad, la historia de Jesús entraña muchos misterios, pero déjame que te explique. Él sufrió muchas amenazas a lo largo de su vida. Un día llegaron unos fariseos y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar». A lo que Jesús respondió: «Decid a aquel zorro que me quedo aquí, que expulso a los demonios y que haré curaciones hoy y mañana, porque al tercer día acabaré mi obra». Bamba, ¿sabes por qué Jesús llamó zorro a Herodes? Zorro es otra forma de decir astuto, taimado. Y es que Jesús no se dejó engañar por nadie. Proclamó que su vida tenía un plan definido y que no estaba dispuesto a pararse. Anduvo durante un tiempo hasta llegar a Jerusalén, su destino final, y nunca dio un paso atrás. Su coraje y su valentía fueron tales que no se acobardó ante ninguna amenaza por grave que fuera. ¡Gracias a ello cumplió su misión de vida! — sentenció el sabio con los ojos encendidos.

Apenas si había repetido en mi mente las palabras del sabio, cuando se levantó, me besó en la frente y se marchó en dirección a las montañas. Aunque se marchara, sus palabras y sus enseñanzas se quedaron conmigo por siempre.

Cap III - Sky - Jesucristo era negro - ConCiencia Magazine

Por: Ramon Rossell

Otros Artículos de Interés …

0 comentarios

Trackbacks/Pingbacks

  1. Avance "Jesucristo era negro" Cap II | ConCiencia Magazine - […] Leer Cap III […]

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.