En el mes de octubre 50% de descuento en la suscripción anual. ¿A que esperas? quedan:

Día(s)

:

Hora(s)

:

Minuto(s)

:

Segundo(s)

Jesucristo era negro CP II

AVANCE DEL LIBRO «JESUCRISTO ERA NEGRO» CAP II · Ramon Rossell

Oct 1, 2020 | Arte, Poesía & Sensibilidad

Por: Ramon Rossell

El Jesucristo de la piel negra, el verdadero protagonista de esta historia, les encomendó que, junto con sus hijas, enseñaran la sabiduría del bosque africano por todo el mundo.

CAPÍTULO II: 

Los dagara somos originarios de Burkina Faso, en África occidental. Allí nos criamos Dadá y yo junto a otros muchos niños de piel oscura como una noche sin luna.

También al igual que el resto de los niños de la tribu, Dadá era un niño pobre que siempre iba sucio pero sonriente. Nos criamos entre el sol del invierno y el sol del verano y recibimos los regalos en forma de juegos. Como aquel día que una mariposa de color morado comenzó a revolotear entre los niños y se acabó posando en los pétalos de una flor. 

Nos acordamos de los corrillos que formábamos con los mayores: ellos nos habían dicho que las mariposas son señal de buena suerte. Estos eran algunos de los regalos que nos brindaba el poblado dagara a lo largo del año. Y mientras jugábamos, los más viejos de la tribu se preguntaban si Dadá seguiría los caminos que su alma le tenía reservados. Su propia leyenda personal le esperaba y ellos esperaban que, como cada quien que tiene una misión, primero Dadá aprendiera su lección de vida y descubriera que la verdad es… la verdad.

A pesar de que en nuestra aldea apenas si contábamos con los servicios más básicos, Dadá se las arreglaba para leer y estudiar a diario. Recuerdo verle meter su pequeña y ancha nariz entre libros que conseguía por aquí o por allá gracias a alguno de los mayores. Cuando se zambullía entre las polvorientas páginas, solo quedaban a la vista sus pequeñas y redondas orejas como marcapáginas a la espera de cumplir su función.

Dadá era un chico más de la selva y sus sueños no tenían todavía tantas ganas de magia. Eran ajenos a la alegría que más tarde le llegaría. Pero su madre comenzó a explicárselo desde muy pronto:

—Dadá, hijo, cuando te acerques a una flor, cierra los ojos y aspira su aroma. Es algo mágico que debes conocer.

Un día me surgió una duda, pero no vacilé en buscar a Dadá. Con todo lo que leía, estaba segura de que solo él podría ayudarme. No tardé en encontrarlo aspirando el aroma de una flor. Decía que sentía la magia, que la sintiera yo también y me pidió que me acercara a la flor. Olí la flor, pero solo olía a flor. No me pareció algo mágico, la verdad. Muy agradable, eso sí, pero no mágico.

Cuando terminó de aspirar toda la magia de aquella flor, Dadá me preguntó en qué podía ayudarme. En la aldea es habitual que alguien te lo pregunte a diario, ya que entre los de nuestro pueblo, existe la costumbre de ayudarnos en todo lo que podemos y lo normal es que uno u otro se nos acerque y se preocupe por nosotros. 

Suelen preguntarnos si hemos escuchado algo cariñoso hoy. Si no contestamos o contestamos que no, quien nos pregunta se preocupará y pensará que algo no nos va bien. «Si no oíste nada dulce es que algo amargo ocupó el lugar de las frases dulces y cariñosas que alguien debió decirte», nos responden. Pero luego, después de pensar un rato, siempre encontramos esa frase dulce que alguien nos dijo y con la que nos alegró el día. En nuestra tribu cuidamos los unos de los otros.

Le pregunté a Dadá si yo algún día tendría una misión que cumplir como tenía él. Fue la primera vez que lo vi dudar sobre algo. ¿Era posible que Dadá tuviera dudas?

—Bamba, hermana, una misión de vida implica la ausencia total de miedo. ¿Y qué es a lo que tenemos miedo? A realizar nuestra misión personal. En eso también me enseñó muy bien mi madre. Aunque tengo dudas, lo único importante es que cumplas tu propósito, el resto consiste en contemplar el paisaje.

Y no me extraña, pues él no tenía poco que facilitar, ya que su leyenda personal consistía en enseñar la sabiduría del bosque africano por todo el mundo de la mano del Jesucristo de la piel negra. Ese era el trayecto que tenía que recorrer para seguir los caminos que dicta el alma, para alcanzar su meta: convertirse en el guardián del amor en la tierra.

Por: Ramon Rossell

¿Quieres seguir leyendo?

Otros Artículos de Interés …

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.