Por: Jorgé Xibillé Muntaner

Los arquitectos de las catedrales eran maestros de la simbología. Las paredes de estas antiguas edificaciones están llenas de mensajes ocultos para quienes, armados de paciencia y de un conocimiento de los entresijos de la fe cristiana, quieran descubrirlos.

Desde el siglo IV se orientaban las iglesias hacia el punto del horizonte por donde salía el Sol el día de la festividad del santo al que se dedicaba el nuevo templo. Este punto del horizonte se asociaba fácilmente con la idea del nacimiento de la vida.

Siguiendo esta tradición, el presbiterio y el altar mayor se situaban al este, en la fachada orientada hacia el sol naciente y por oposición, la fachada Oeste, por donde declina el Sol, representaba el mundo de las tinieblas y sus muros se solían reservar para una representación del Juicio Final. La orientación de esta fachada se asociaba claramente con la idea de la muerte.

El simple devenir diario del Sol por el firmamento con su amanecer y su ocaso, era un claro mensaje simbólico de dónde situaba la vida y la muerte la religión cristiana.

En el caso de la Catedral de Santa María de Palma, el momento en el que el Sol despunta por el horizonte coincidiendo con la orientación de su nave principal, se produce en torno al día del solsticio de invierno, esto es el 21 de diciembre de cada año.

No es de extrañar por tanto que la luz principal que ilumina el interior del templo provenga de un gran rosetón situado en la cabecera del templo situado sobre el altar mayor y el ábside de la fachada de este monumento. 

Por su tamaño se le llama el “Ojo del Gótico”, ya que se le considera el más grande del mundo gótico por la dimensión de su superficie acristalada. Es el ojo ciclópeo de esta grandiosa construcción que desparrama su luz polícroma por toda la nave central. 

En la fachada de poniente está situada la puerta principal de acceso al templo. Desgraciadamente esta fachada no es la original. Parte de la misma se desprendió como consecuencia de un violento terremoto que sacudió la ciudad en el año 1851 y tuvo que reforzarse con la colocación de dos pilares (los pilares de Peyronet), que corrigen el desplazamiento de la construcción hacia poniente.

 La antigua fachada oeste de la Catedral tuvo que ser reconstruida en el siglo XIX tras un temblor de tierra en el año 1851. Litografia de J.B. Laurens (1839)

La antigua fachada oeste de la Catedral tuvo que ser reconstruida en el siglo XIX tras un temblor de tierra en el año 1851. Litografia de J.B. Laurens (1839)

La fachada original de estilo gótico fue sustituida por una de estilo neogótico. Los dos rosetones originales quedaron cegados por las torres de Peyronet. En el centro de la fachada se abrió un nuevo rosetón aprovechando la existencia de un gran ventanal en este lugar.

Gracias a este nuevo rosetón y a la orientación completamente este-oeste que presenta el templo con relación al sol el día del solsticio de invierno, se produce el fenómeno visual de la superposición de la luz polícroma del rosetón principal con el vitral que cubre el rosetón de la fachada de poniente del templo.

Se habla de las maravillas de la ingeniería de los arquitectos medievales pero como se ha visto, este fenómeno no se lo podemos atribuir a ellos, sino que es más bien fruto de la casualidad que de la previsión de aquellos magníficos constructores.

Al amanecer de este día (21 de diciembre), el Sol entra de lleno por el rosetón principal de la catedral y su luz se proyecta sobre el rosetón de la fachada de poniente. Durante unos breves pero intensos minutos se puede observar el desplazamiento del astro y el juego de los colores del rosetón principal, dibujándose sobre el vitral del rosetón de poniente y dando lugar a un caleidoscopio gigante, a un efecto lumínico mágico que se puede admirar desde el Baluarte de San Pedro, en las murallas de Palma.¡¡¡Hay que madrugar, pero vale la pena!!!

Por: Jorgé Xibillé Muntaner