Por: Giovanna Ampuero

Ser feliz es una misión en la vida, aunque muchas veces a lo largo de nuestra existencia parezca una utopía. Muchos la definimos como fugaz, como recuerdos de momentos efímeros que pasaron y que apenas en el presente la memoria tiene espacio para recordar instantes.

Siempre buscando en el pasado, con la confianza de que el futuro nos traerá inmensos momentos de ella y el presente pasa a un segundo plano como si fuese obligado, casi normal, sin valor de su verdadero significado. Este maravilloso bien, tal y como lo concebimos, puede ser definido de muchas maneras, es decir puede comprenderse en el mismo sentido pero utilizando otros términos. 

La felicidad puede ampliarse, reducirse, desplegarse, ser ella en sí misma, una experiencia en la serenidad de cada instante, donde puede ser concebida como nada es bueno ni malo, todo es un todo, un alma libre, feliz, feliz, feliz. Inaccesible al miedo, olvidada de cosas sin valor, concentrada en lo importante, no añade ni quita nada. Simplemente es feliz en la vida.

Si comulgas con este principio y haces que se convierta en una vivencia diaria, la recompensa, quieras o no, se traduce en una alegría constante, donde el alma goza y se manifiesta desde lo más profundo de su propia existencia. Tal vez se pueda comparar a tocar el Nirvana para unos, el cielo para otros; en definitiva, la mejor alternativa para la experiencia que hemos decidido vivir. 

La conciencia del presente, instante que pasa y nunca vuelve que todos sabemos ya, solo está falto de ponerse en práctica. El zumo de naranja al empezar el día, su sabor, su olor, puede ser un buen comienzo. Las gracias infinitas de sentir puede ser un siguiente paso, el instante se hace al instante y es ahí donde está la felicidad. Los grandes sueños ayudan, pero los pequeños la hacen en cada segundo de nuestra existencia, es como vibrar solo por unas buenas notas de una música maravillosa que alguien compuso y que hoy te hace feliz.

La vida Feliz para mí es, por tanto, la que vive conforme a su propia naturaleza y para eso un requisito imprescindible es que el alma esté sana, serena y consciente de sí misma, adaptándose a las circunstancias, sin angustias, sin apegos, usa lo que posee para un bienestar, para seguir el camino libre.

En definitiva, nadie puede ser feliz por ti, es tu responsabilidad, solo te pertenece a ti.

Por:  Giovanna Ampuero Taborga,
Mujer emprendedora y empresaria, propietaria de Home Switch Home, dedicada al diseño de iluminación, además de llevar otras empresas familiares, se define como una apasionada de la vida.