Por: Inma Alcina

De la tierra al cielo, en harmonía.

Resulta ciertamente extraño, desde una mirada existencial, como seres corpóreos que somos, que nos surjan tantas resistencias a los seres humanos respecto a sentir nuestro peso corporal. 

En muchas ocasiones, la simple idea de sentir el peso corporal, provoca una sensación desagradable o de rechazo. Lo he visto en muchas personas a las que acompaño en sus procesos de empoderamiento y desarrollo personal. 

Aunque pueda parecer algo irrelevante, sentir el peso tiene una importancia capital en nuestra experiencia de vida. Y una gran parte de la población lo desconoce.

El peso nos ancla a la tierra, a la experiencia de estar vivos. Esa conexión merece ser honrada. Restarle importancia o rechazarla, es rechazar nuestro vínculo con la Madre Tierra y con la propia vida. Nos provoca desazón, sensación de vacío y desconexión. 

Cuando estamos desconectados de nuestro peso, es como si nuestro centro energético se volatilizara, como si se tornara inestable, elevándose hacia el pecho y la garganta, presionándolos, generando estrés, ansiedad y angustia. Y es que me falta presencia de mi misma… Y nada ni nadie puede llenar ese vacío. 

El peso es presencia, consistencia, arraigo a la vida. 

Cuando honramos esta conexión vital, a través de nuestro peso corporal, facilitamos que nuestro eje se coloque en su centro y recuperamos nuestra capacidad creativa fluida, no forzada, desde nuestra presencia en el aquí y el ahora, que es donde reside la magia del fluir, nuestra capacidad de dar respuesta a lo que la vida nos trae, de forma natural, de bailar con ella en vez de enfrentarnos. 

Corporalidad y Presencia 1. ConCiencia Magazine

Al sentir nuestro peso y honrarlo, podemos también conectar, de forma saludable, con el cielo, con los mundos sutiles, en armonía con la tierra. Tender este puente entre el cielo y la tierra nos da la posibilidad, entre otras cosas, de materializar nuestros sueños y hacerlos realidad. Nos permite tener una visión más holística e integral de nuestra vida.

En las relajaciones que facilito, tanto en mis sesiones grupales como individuales, practicamos la multi-atención y la ecualización. Vamos creando un surco que facilita, cada vez con más fluidez, abrir ese espacio infinito que nos habita, en el que todo está conectado en perfecta armonía y unidad. Nos entrenamos en el arte de sentir, de estar presentes y conscientes de todo lo que sucede en nuestro mundo interno y externo, simultáneamente. 

El pilar sensorial, por el que siempre comenzamos el viaje, es el peso corporal, sentirlo y honrarlo. Y vamos, poco a poco, de forma amorosa y amable, ampliando nuestra atención a otros elementos, sensaciones de apoyo y de contacto, la conciencia de la respiración, de conexión con la naturaleza, la atención a los sonidos, externos e internos, a nuestra propia voz, a nuestro corazón, observándolo, escuchándolo, sintiéndolo… La conciencia de gratitud por ser, tal como somos, por estar vivas y formar parte de la belleza que nos rodea. 

Abrazando todo lo que es, incluso las resistencias que, a veces, aparecen; un pensamiento, una sensación, una molestia o dolor. 

De ahí surge la magia de la presencia, la conexión, la paz infinita.

Por: Inma Alcina

Mentora – Coach