Por: Jorge Xibillé M

El Denali es una montaña única entre todas las montañas del mundo. Situada a 63º latitud norte, es la más alta en las cercanías del círculo Polar Ártico, incrustada en la meseta central de Alaska y cerca del mar de Bering. En pocos lugares montañosos de la tierra el clima cambia de forma tan repentina y tan dramáticamente. Un día templado de travesía puede transformarse fácilmente en un día en el que para sobrevivir haya que cavar cuevas en la nieve. Este frío intenso es desde luego una de las características típicas de El Denali. También porque representa un desafío hipotónico y fisiológico mayor del que normalmente debería de esperarse por su altitud.

Diario de expedición, Jorge Xibille

Fecha de la expedición: Primavera 2004

Componentes: José M. Alvarez (Jopela) y Gerardo Falcó 

Cota máxima alcanzada 5200m

DíA 1Salida de Palma con destino a Madrid. A las 2.00h cogemos el avión hacia Amsterdam para continuar hasta Minneápolis y de allí hasta Anchorage. Total: 18h de avión.

Día 2Anchorage: compras de comida para la expedición. Esta capital no es una maravilla. Como todas las ciudades americanas, tiene un centro con altos edificios y una periferia de casas bajas. Los alrededores albergan los grandes centros comerciales donde se puede encontrar de todo para la expedición.

Por la tarde salimos en dirección al pueblecito de Talkeetna en una furgoneta con conductor y remolque. En este pueblo se respira un aroma a tierra salvaje. Es el típico lugar que esperas encontrar en Alaska, un pueblo tranquilo de apenas 300 habitantes.

Día 3En Talkeetna se encuentran las oficinas del parque nacional Denali. Los Rangers nos ponen las pilas contándonos lo que hemos de hacer una vez estemos en el interior del parque. Nos dan unos botes grandes para recoger nuestras deposiciones y que habremos de depositar en el campo II, unas bolsas para la basura, sondas para los depósitos de comida y una larga charla sobre la montaña.  

Hoy tenemos que volar con la compañía K2. Por la tarde nos anuncian que los pilotos han completado las horas de vuelo y que hasta el día siguiente no se puede volar. Esta noche dormiremos en el pequeño aeropuerto rodeados de todo nuestro equipaje.

 

Diario de Expedicion, Jorge Xibille

Día 4Sobre las 8h de la mañana estamos cargando la avioneta. Unas palabras del piloto y despegamos en medio de un ruido ensordecedor, rumbo a nuestro destino: el glaciar Kahitina. 

Desde el aire el paisaje es abrumador. Los ríos y los bosques dan paso a la tundra. Después aparece la nieve, las montañas y en el horizonte el Denali. Estamos internándonos en un sueño. Después de 45’ de vuelo aterrizamos en el glaciar. Todo parece extraordinariamente grandioso. 

Entre un gran ajetreo descargamos la avioneta y revisamos el material. Nos dan los trineos que hemos alquilado y rápidamente nos preparamos para salir lo antes posible hacia el campo I. Delante tenemos unos 150m de bajada por el glaciar, pero esta distancia parece multiplicarse por veinte. No tenemos práctica con los trineos y nos vuelven locos. Nos adelantan golpeándonos los pies. Por fin comenzamos a subir y el recorrido se torna más ameno. Estamos disfrutando de unos días muy buenos y ojalá que esto dure. Mejor no pensar tanto porque nos quedan 40km por recorrer hasta la cumbre. El camino hasta lo que creemos que es el Campo I ha durado 3h, entre grietas y un paisaje fantástico.

Ascención al McKinley

La West Buttres, una pared de nieve de 45 a 50 grados de inclinación.

Día 5- Nos cuesta bastante levantarnos. Una vez desayunados salimos para el verdadero Campo I. Nos esperan unas cuantas subidas que nos tomaremos con mucha calma tratando de disfrutar del paisaje. Los trineos cada vez pesan más. Por fin llegamos al Campo I a 3.300m de altura. Aquí dejaremos un depósito de comida enterrado en la nieve, marcado con una caña larga y un banderín con el nombre de la expedición. Montamos las tiendas, preparamos una buena cena y nos vamos a dormir. 

Día 6- Hoy saldremos un poco más tarde. Intentaremos llegar hasta el Campo II, el llamado “Campo Médico”, donde queremos dejar unas tiendas, equipo y comida. Luego volveremos a bajar al campo I. La subida fue muy fuerte, pero al menos tuvimos la suerte de pasar el llamado “Windy Corner” sin rastro de viento. Este es un paso en el que muchos alpinistas se dan la vuelta si hace mucho viento. La bajada entre nubes bajas fue bastante más rápida. 

Día 7- Hoy saldremos de nuevo hacia el Campo Médico a 4.350 m de altura. Subiremos el resto de la carga, intentaremos hacerlo paso a paso para hacer una buena aclimatación a la altura.

Este campamento está situado en una plataforma del glaciar. Se podría considerar un campamento base avanzado. Hay una tienda con personal médico y otra para los Rangers del parque. La utilización de los servicios médicos implica automáticamente, para el montañero que los solicita, el abandono y el descenso. Diariamente se informa de la previsión meteorológica, aunque ofrece escasa fiabilidad. Hemos empleado 7h en la subida.

Día 8Hoy nos tomaremos el día de descanso. Aprovechamos para contemplar este hermoso paisaje que entra por nuestros ojos y que nos alimenta el alma. Montañas más bajas y paredes cubiertas de nieve nos rodean por todas partes. Disfrutamos de un buen día y ojalá que todo siga así. El día transcurre en un maravilloso sueño de un niño adormilado y arrullado por el calor del día.  Todo este buen tiempo no me da buenas sensaciones porque sospecho que todo puede ponerse del revés en cualquier momento.

Día 9- Hoy intentaremos dejar un depósito de comida en el collado que hay después de las cuerdas fijas. Salimos temprano del Campo Médico. Encontramos las primeras dificultades: 600m de desnivel para llegar al collado antes de la arista “West Buttres”. Se trata de una pared de nieve de 45º/50º de inclinación equipada con cuerdas fijas. Hay que tomárselo con mucha tranquilidad. Al llegar al collado descargamos el material y lo enterramos en la nieve señalizando día y nombre de la expedición. Retomamos las cuerdas fijas y bajamos hasta el campo II. Ha sido un día muy gratificante con unas vistas maravillosas; sobre todo del Pico Hunter, que siempre nos ha acompañado durante el recorrido.

Ascención al McKinley

Gerardo Falcó y Jopela en el Glacial. Travesía de 20km

 

Día 10- Día de descanso. Ha nevado todo el día. Después de tantos días de sol hasta cierto punto se agradece este cambio. 

Día 11- Preparamos todo el equipo y nos disponemos para ir directos al Campo IV. El Campo III lo pasaremos por alto. Sólo se utiliza en casos necesarios. Recorremos otra vez el tramo de cuerdas fijas hasta el collado y recogemos el depósito de comida que habíamos enterrado unos días antes. Con un poco más de peso recorremos la arista “West Buttres”, muy difícil y peligrosa, sobre todo cuando hace viento. Es el lugar más bello de toda la ascensión. Aquí arriba uno se siente alpinista y después todavía quedan varios resaltes de 55º de inclinación. Las vistas de la cordillera y del Campo Médico son espectaculares. Creo que todo el mundo coincide en que este tramo de la ascensión es el más atractivo de todos.

Al cabo de unas cuantas horas llegamos al Campo IV o “Higth Camp” a 5.200m de altura.

Día 12- Por la noche se desata una tormenta de nieve y de viento. Ha sido de repente. Nadie la esperaba.

Día 13- Todo sigue igual. El fuerte viento va rasgando poco a poco las telas de las tiendas. No hemos podido cocinar ni fundir nieve para tener agua.

Día 14- La cosa se está poniendo realmente fea. Nos vestimos con todas nuestras ropas de abrigo. Con las botas puestas y el piolet en la mano esperamos que de un momento a otro el viento de más de 150 km/h arranque el último trozo de tela de la tienda que nos protege. Cuatro personas con los brazos abiertos intentamos salvar la vida reteniendo la tela para que el viento no se la lleve. Nuestras caras han cambiado por completo. Todo en nosotros ha cambiado de golpe.

Día 15- Ya no se puede hacer nada más. Muy cansados intentamos huir hacia otras tiendas. Al salir el escenario que se nos presenta ante nuestros ojos es terrible. Todo está roto y pocas tiendas se mantienen en pie. El fuerte viento me tira al suelo arrastrándome unos cuantos metros. Todo el mundo corre en busca de ayuda, algún sitio donde cobijarse, cualquier cosa. Salvar la vida se había convertido en lo más importante, mucho más que la cima. Las paredes de bloques de hielo que se habían construido para proteger las tiendas se habían desplomado y se veía cómo algunos sujetaban los palos y las telas con las espaldas y las manos. Los dobles techos hacía horas que habían desaparecido volando hacia los valles.  

Todo el mundo esperaba el último zarpazo. Nunca había visto nada parecido y menos con este viento. Pasamos mucho miedo. Estábamos muy altos y además para salir de esta ratonera y poder llegar al Campo Médico teníamos en medio una cresta muy peligrosa con viento. 

Intentamos cavar un agujero en la nieve para protegernos, pero el viento no nos lo permitió.  En lo alto del campo vimos una tienda en un hueco. A duras penas llegamos hasta allí a pedir ayuda. Pasamos una noche infernal, pero estábamos a cobijo. Éramos cinco personas en una tienda de dos.

Ascención al Mckinley

Campo 2 – Médicos evacuando a un herido.

Día 16- Parece que el viento amaina poco a poco. La única idea es salir de aquí corriendo. Todo está destrozado y desparramado por el suelo. Nos limitamos a recoger nuestras cosas en silencio y nos preparamos para bajar la arista. Aún soplaba algo de viento. Íbamos muy despacio, agotados y sin comer. A mitad de la arista a nuestro amigo Iñaki le empezó un dolor muy fuerte en el costado. Parecía apendicitis. Tuvimos que bajarlo rápidamente y pedir ayuda a los Rangers para que subiesen una camilla. Tardaron 5h en llegar. Mientras esperábamos le presté mi saco porque tenía frío. En el Campo Médico lo recogió un helicóptero y se lo llevó al hospital. Antes de que lo subieran le pedí al Ranger que me devolviera el saco, pero no me hizo caso. Tuve que dormir dos noches sin él. A consecuencia de ello tengo congelamiento y pérdida de las uñas de los dedos gordos de los pies. Posteriormente supimos que Iñaki había tenido un paro renal y una oclusión intestinal.

Día 17- El espectáculo en el Campo Médico era dramático. Se había acumulado más de un metro y medio de nieve. Las tiendas estaban sepultadas. Tuvimos que cavar para poder rescatar alguna tienda, comida y ropa seca. Por la noche pasamos mucho frío. Algunos durmieron en iglús. La moral estaba por los suelos.

Día 18- A la salida del sol los Rangers nos dicen que nos tenemos que ir. Estamos en pésimas condiciones, tanto de material como de moral y lo mejor es bajar. Lo mismo sucede con otras expediciones. Lo cargamos todo en el trineo y decimos adiós a nuestro sueño. Descendemos interminables rampas, pasamos de nuevo por “Windy Corner” con su viento característico hasta llegar al campo I. Aquí tuvimos que volver a cavar para poder sacar los depósitos de comida y las raquetas de nieve.

No teníamos ganas de acampar y continuamos caminando de noche por el glaciar. Íbamos como dormidos en una hermosa penumbra porque aquí no oscurece del todo. Todo brillaba y las montañas parecían decirnos adiós. Más de una lágrima rodó por el glaciar y algo de nosotros quedó también allí, algo que siempre recordaremos. Fue duro, pero salvamos nuestras vidas. 

Después de caminar 18 largas horas arrastrando el trineo, hemos recorrido más de 30Km hasta llegar al glaciar Kahitina donde nos espera la avioneta de la compañía K2 que nos ha de retornar a la civilización. Sobrevolamos cumbres, crestas y valles y allí a lo lejos se destaca el Denali. “El Grande”. ¡Ciertamente lo es!

ASCENSION AL MCKINLEY-DENALI

Nota final: Jopela y Gerardo Falcó lo volvieron a intentar en el año 2006. Superaron el “Higth Camp” y cuando ya parecía que podían conseguirlo, tuvieron que retroceder a tan solo 100m de la cumbre, en la arista final. El fuerte viento los volvió a vencer. Así es “El Grande”.

Jorge Xibillé Muntaner. ConCiencia Magazine

Jorge Xibillé Muntaner