Por: Jorge Xibillé Muntaner

Equipo ConCiencia Magazine para un MundoFeliz

La Democracia es un sistema en el que los ciudadanos asumen la responsabilidad de los asuntos públicos que les afectan y que la delegan en sus representantes políticos a los que eligen mediante las votaciones que periódicamente se organizan para la renovación de las instituciones por las que se gobiernan los estados modernos.

Es todo lo contrario a un modelo paternalista en el que los ciudadanos son tratados como a menores a los que se les niega la capacidad de gobernarse por sí mismos y en el que “alguien” o “algunos” asumen el rol de tomar las decisiones sin contar con ellos.

Esta responsabilidad compartida por todos los miembros de las sociedades democráticas obliga al ciudadano a mantenerse informado de aquellos asuntos sobre los que periódicamente habrá de expresar su opinión. De esta manera, lo hará con conocimiento de causa sobre la mejor manera de hacerles frente, y se procederá a su solución de acuerdo con lo que determine la mayoría de los electores.

Por ello, en este tipo de sociedades, es tanto un derecho como una obligación mantenerse informados si es que realmente se quiere ejercer esta corresponsabilidad de manera coherente.

Por tanto, no es de extrañar que uno de los pilares en los que se sustenta el funcionamiento de cualquier democracia sea la existencia de una prensa independiente que, con su información rigurosa y contrastada, ha de permitir a los ciudadanos hacerse una idea cabal de los asuntos que les afectan.

Últimamente este principio básico para una buena salud democrática se está viendo afectado por un fenómeno cada vez más habitual y es el abandono por parte de los lectores de los medios clásicos de información, los periódicos, por la información que les llega exclusivamente a través de las redes sociales.

Dicen que nadie es capaz de entender del todo la realidad porque para hacerlo empleamos un mecanismo que se conoce como “percepción” que hace de filtro entre nosotros y el mundo exterior. La información que procesamos para hacernos una idea lo más aproximada de lo que sucede a nuestro alrededor viene determinada por nuestros conocimientos, por nuestra experiencia, por nuestra cultura e incluso por nuestra sensibilidad derivada de nuestro sistema nervioso.

De esta forma podemos decir que hay tantas percepciones de la realidad como personas. También es cierto que para tener seguridad en lo que hacemos, hemos de estar convencidos de que el retrato que hace nuestra percepción subjetiva de la realidad se aproxima bastante a aquella. De lo contrario nuestras dudas serían permanentes y éstas nos inmovilizarían.

Pero a este proceso natural que hace que nos posicionemos de una manera o de otra ante cualquier asunto, se le ha añadido otro que tiene que ver con la tecnología de los algoritmos que emplean muchas aplicaciones que utilizan las redes sociales para detectar nuestras inclinaciones o nuestros gustos y que hacen que cada vez nos volvamos más subjetivos en nuestras apreciaciones.

Como consecuencia de esta tecnología, el lector que sólo se informa a través de las redes sociales, va recibiendo un tipo de información que se adapta como un guante a su forma de pensar y le va confirmando cada vez más en su forma de ver el mundo, sin posibilidad de verificar si aquella es tendenciosa o no y sin poderla contrastar con versiones distintas de la que recibe

Todo esto lleva a un encastillamiento en las propias posiciones que hacen muy difícil las posibilidades de diálogo entre ideas o planteamientos opuestos porque, gracias a la información sesgada que recibimos por estos medios, estamos convencidos de que nuestro criterio refleja al 100% la realidad porque todo nos lo confirma y obviamente si estamos en posesión de “la verdad”, por fuerza quien ha de estar equivocado ha de ser nuestro oponente.

Sería bueno que pensáramos en la forma subjetiva en que percibimos la realidad, comprendiendo que la nuestra sólo es una de las diferentes maneras de entenderla y que pueden existir otras percepciones distintas que son igualmente respetables.

Al mismo tiempo sería conveniente que no diéramos por buena cualquier información que recibimos porque pueden estar intentando manipularnos abusando de nuestra confianza. Conviene saber si la fuente de la noticia es fiable, procurando contrastar su veracidad a través de otros medios.

Esto nos dará una visión más amplia de los asuntos y en definitiva enriquecerá nuestra perspectiva del mundo que de lo contrario puede quedar reducida a un aburrido y peligroso monocolor que nos incapacite para poder dialogar e intentar entender a los que no piensan como nosotros.

Por: Jorge Xibillé Muntaner

Equipo ConCiencia Magazine para un MundoFeliz