Por: Margaret Mora

A menudo nos encontramos con la descripción simplificada de que el cerebro es como un ordenador que controla todas las funciones del cuerpo y nosotros también solemos pensar de este modo. Cuando algo no anda del todo bien, decimos: «Algo no funciona bien en mi cerebro». Pero para tener una visión global hemos de considerar a todo el sistema nervioso donde, aunque el protagonista sea el cerebro, no es el único actor.

El sistema nervioso se divide en el sistema nervioso central y el periférico. Comenzaremos considerando al sistema nervioso periférico (SNP), para comenzar por lo más externo e ir interiorizando poco a poco. El SNP está formado por nervios y su función principal es conectar el sistema nervioso central (SNC) con los miembros y órganos. 

El cerebro y los nervios. ConCiencia Magazine

 

Los nervios son como una red de cables de fibras nerviosas que transportan la información. La función del SNP es bilateral: por una parte transporta los estímulos externos que recibimos por los sentidos y los estímulos internos (de las distintas partes del organismo) al SNC; por otro lado, traslada las órdenes generadas por el SNC hasta los órganos y músculos de todo el cuerpo, para que puedan funcionar y responder adecuadamente.

Vale, pero aun así, ¿todas las órdenes no vienen del cerebro? Pues, casi todas, aunque no todas. El SNC está constituido por el encéfalo y la médula espinal. El encéfalo, a su vez, está constituido por el cerebro, el cerebelo y el tallo encefálico. Y si bien el cerebro es la parte más grande y compleja, no es el único constituyente del encéfalo.

Y sin embargo, siempre hablamos del cerebro y nunca del encéfalo. Quizás la ambigüedad nos venga de la traducción al castellano de la palabra anglosajona «brain» que, aunque casi siempre es traducida como cerebro, en contextos científicos debería ser traducida como encéfalo. 

En los próximos artículos discutiremos movimientos en los que el cerebro no está directamente involucrado, para luego ir explorando todas las maravillas que ocurren en el cerebro incluso en los actos más simples de nuestra vida cotidiana.

 

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