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El David de Florencia

EL DAVID DE FLORENCIA · Isabel Gómez

Oct 1, 2020 | Arte, Museos

Por: Isabel Gómez Riera

“Dio a sus personas una forma terrible, extraída de profundos secretos de la anatomía que muy pocos conocen; inertes, pero llenas de dignidad y grandeza”


Gian Paolo Lomazzo 

 

 

Un joven Miguel Ángel, afincado en Roma, culmina con 24 años recién cumplidos la mujer de mármol más famosa de la historia. Su figura de la Piedad, serena, bellísima y extraordinariamente controvertida, estampa el nombre del escultor para siempre en la historia de la Ciudad Eterna. 

 

Pocos meses después, Miguel Ángel decide volver a su ciudad natal, Florencia. Allí le espera un encargo que ensombrecerá todas las tareas que hasta entonces le habían sido encomendadas.

 

El gremio de canteros de la catedral de Florencia pretendía desde hacía años, tallar en mármol la figura de un David para uno de los pilares de la catedral. Encargo que consigue Miguel Ángel el 16 de agosto de 1501 y que formaba parte de un ambicioso programa escultórico para dotar los pilares del mausoleo de diversas figuras del Antiguo Testamento. En particular, la del rey David, ya había sufrido diversas tentativas  y bocetos por parte de otros escultores. 

 

Agostino di Duccio intentó tallar entre 1464 y 1466 un enorme bloque de mármol de cinco metros de altura, adquirido por el gremio a tal efecto. Según diversos documentos, literalmente “lo destrozó”. Con este mismo bloque se atrevió también otro escultor en 1476, Antonio Rossellino, pero pronto capítulo. Resultaba un bloque complicado de tallar por sus dimensiones excesivamente planas. 

 

El bloque, apodado ya por aquel entonces el gigante, permaneció abandonado, estropeado y a medio tallar más de 25 años. Hasta que apareció Miguel Ángel. “Cuando volví, me encontré con que era famoso. El consejo de la ciudad me pidió que sacara un David colosal de un bloque de mármol, ¡dañado!” se lamentaba el escultor.

 

Establecido un plazo de ejecución de 2 años y unos honorarios de 144 ducados de oro (el artista cobró 450 por su Piedad), Miguel Ángel inicia los trabajos el 13 de septiembre de 1501. Cuatro días antes había eliminado un nudo del pecho del “bloque mal tallado”, con lo que entendemos que el proyecto de David de los anteriores escultores estaba (o pretendía estar) vestido. Miguel Ángel sin embargo lo piensa desnudo, libera el bloque de los ropajes y hace aparecer de entre la piedra un David colosal. Crea una obra de arte sin precedentes a partir de un bloque destrozado a golpes.

 

Los florentinos quedaron tan asombrados con el resultado que deciden no colocarlo dentro de la catedral. Su ubicación final será la Piazza della Signoria y se elevarán los honorarios del artista a unos más que respetables 400 ducados. Con la familia Medici expulsada de Florencia en 1494, el David de Florencia adquiere por aquel entonces una dimensión política peligrosa: es la victoria del pequeño frente al grande, del desvalido (el pueblo) frente al poderoso (la familia Medici).

 

David

Como es sabido, David no solo fue rey, pastor y poeta, sino también luchador. Era apenas un niño cuando venció al gigante Goliat. Y sin embargo Miguel Ángel lo representa como un hombre maduro (mucho más poderoso). También llama la atención la honda en su mano izquierda y la piedra en la mano derecha. Una persona diestra utilizaría un arma con la mano derecha, por lo que nuestro David es zurdo.


Además, aún conserva la piedra en la mano, en gesto amenazador; aún no ha matado a Goliat (en su mayoría, las representaciones del rey David suelen aparecer con la cabeza del gigante cortada en la mano o a sus pies). Nuestro David aún no ha vencido, sino que está a punto de atacar.

 

Mucho más podríamos apuntar o especular sobre una de las grandes esculturas del artista florentino. Unos dicen que en su mano derecha pensó colocar un bastón. Otras fuentes indican que a sus pies, en el tronco, se imprimaron tinturas doradas. Detalles. Complementos. ¿Quién sabe? Yo me quedo con la reflexión de Stendhal: “Ante una figura de Miguel Ángel pensamos en lo que hace, no en lo que siente”.

Por: Isabel Gómez Riera

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