Por: Ramon Rossell

Presta atención al lenguaje que utilizas a diario, pues este forma parte de tu vibración. Es bien sabido que hay lenguajes que suman y palabras que restan. Vibrar y usar lenguajes que suman nos llena, mientras las palabras que hieren nos restan y atraen lo negativo y la enfermedad a nuestras vidas. Al igual pasa con lo que pensamos, pues el cuerpo escucha.

El lenguaje europeo se baña en intelectualismos, estilos y lirismos. El sur de América, por el contrario, es la épica misma. Allí pasan cosas, entonces es fácil comprender por qué se escriben tan buenas novelas en Sudamérica o por qué hacen buenas canciones Perotá Chingó. Y es que allí hablan dulce y fluyen, es por eso que es el mejor territorio artístico.

El poder de una palabra o pensamiento es tal, que se transforma en energía lanzada al universo, que como un boomerang regresa a nosotros creando nuestra realidad; de ahí la importancia de cuidar la palabra y el pensamiento. Cuando hablamos, decretamos lo que queremos en nuestro día a día, ya sea bueno o malo; cuando le prestamos demasiada atención a una situación la retenemos y nos desconectamos de los demás. Si lo que buscas es la mejor palabra, en tu discurso oral o escrito, atraes la armonía y abundancia y comienzas a ser más positivo. Busca las palabras adecuadas para que eso mismo coseches a la vuelta de la esquina…

Y cuando el lector lee una novela hispanoamericana, se contagia de sus gestos vivos y vuelve a encontrarse con una buena novela, con ese toque hispano, esa tremenda belleza de la oración y esa prosa que te lleva otra vez al paraíso. Porque todavía pasan cosas, se expresan dulce, fluyen y aman la palabra.

 Deciden sobre su lenguaje como pauta de vida , con un lenguaje riquísimo y un contenido atrevido y simple. Y el que se las sepa todas, sabe que la simplicidad y el contenido es una señal de modernismo.

Por: Ramon Rossell

Escritor Inspiracional