Por: Elkin Mesa Gómez

LA ENCÍCLICA FUE FIRMADA EN ASÍS, CON EL VERBO “DADO”, JUNTO A LA TUMBA DE SAN FRANCISCO, EL 3 DE OCTUBRE DEL AÑO 2020.

 

Es innegable la connotación histórica del hecho, una carta dada, para utilizar el verbo utilizado por la cabeza de los cristianos católicos, junto a la tumba del santo de Asís. El hombre de la fraternidad, de la comunión universal con todos los seres: San Francisco, el mismo que inspirara el nombre que eligió para su pontificado: “Francisco”.

Dado, viene del verbo latino don, que significa regalo. No es para menos, pues sustancialmente, nos ha sido dado un regalo, un don, un faro a la humanidad entera, en esta encíclica del Papa, a una humanidad que ha perdido su norte, su ser, su esencia y su conciencia.

Digo a la humanidad porque está dirigida no sólo a católicos, sino además, a todo hombre y mujer de buena voluntad. Es una carta que tiene como fin, ser el faro que ayude a volver a navegar los mares de la vida, de la existencia, porque como él mismo lo afirma, se ha perdido en las tinieblas de su egoísmo, expresado en: “El fin de la conciencia histórica, conflicto de los poderosos, que pretenden ser señores absolutos de la propia vida y de todo lo que existe, migraciones febriles a causa de los conflictos en sus países, del abuso de poder, de la mentira manipulada como verdad, de leyes que favorecen a los ricos y poderosos, de guerras concebidas como medio disuasivos, de populismo de políticos que olvidaron la política como medio para hacer el bien común, de penas de muerte y cadenas perpetuas que son otra forma de pena de muerte…”

Ante este panorama mundial, el Papa Francisco propone la hermandad universal y la amistad social, donde el centro de la vida vuelva a ser el ser humano despojado de su dignidad, que la tiene “el más rico y poderoso, como el último más miserable…” Alienta a recobrar la esperanza en la bondad que habita el corazón de todo hombre y mujer, a que se desarrollen leyes que favorezcan el cumplimiento de los derechos universales y a mejorar y fortalecer las instituciones creadas para ello (ONU).

Anima a líderes religiosos a promover la fraternidad y la paz. A los gobiernos a que se destine el dinero para armas a crear un fondo universal para acabar con el hambre en el mundo.

Francisco acaba de hacer una profecía para un mundo perdido: él es profeta, es el faro que la humanidad estaba necesitando; invoca a laicos, estados, poderosos, adinerados, religiones diversas. Nombra a iconos de la humanidad: Luther King, Desmond Tutu, Ghandi y de manera especial a Carlos de Foucauld, como el que logró sentirse hermano de todos. Para que nos unamos en la fuerza del amor y el encuentro para crear un mundo nuevo…Un ser humano con conciencia…

Invito a que lean de manera personal la encíclica y se dejen tocar por sus palabras.

Elkin Mesa Gómez

Magíster en psicología clínica

Psicoterapeuta