Por: Isabella DiCarlo

El 2020 se acaba, se escucha latir la esperanza de que el 2021 sea muy diferente. No late como un redoble de tambores, quisiera, vaya si quisiera… Pero no puede.  Coexiste con el temor de que esta situación global, confusa y limitante, se alargue más de lo soportable. 

¿Y si el 2021 tuviera, como nosotros, una esperanza? ¿Y si su deseo silencioso fuera que nos lanzamos a ser radicalmente valientes, es decir, totalmente responsables de nosotros mismos? ¿Y si lo que él nos pide al brindar, es que le demos la vuelta a la tortilla, rompamos filas y nos unamos a quienes sienten que “lo nuevo” es cuestión de consciencia? Todo indica que al igual que el 2020, él ve “lo nuevo” como elección personal, opción intransferible, indagación honda de cada quien en sí mismo…

Hace 2020 años alguien dijo:   “No se puede poner vino nuevo, en odres viejos”. No es sabio esperar que nuestra vida se renueve y que el mundo cambie, si no nos atrevemos a vaciar los odres. 

No es fácil vaciarlos, bien cierto.  

Decía Lao Tse: Un hombre con coraje externo se atreve a morir; un hombre con coraje interior se atreve a vivir”. Él que no daba puntada sin hilo, asoció el morir al vivir, para enunciarnos el vivir muriendo, que es vivir renaciendo. 

La vida nos alumbra mil y una veces, si no lo impedimos tozudamente. Nos invita a soltar para no tener que arrancarnos nada. Nos sugiere que nos esforcemos por voluntad propia, para que no debamos esforzarnos por salir de una catástrofe. Nos invita al autocontrol, para que no nos deban controlar desde fuera y nos ahorremos la vivencia del castigo. Nos rodea de belleza para que el corazón no se nos endurezca con las pruebas. Nos ofrece seres con necesidades mayores y más precarias que las nuestras, para que tengamos el goce de dar, ayudar y proteger. Nos concede seres más fuertes y más hábiles, para que tengamos modelos que nos inspiren y nos ayuden a mejorar. 

Podemos volver a nacer mil y una veces. El 2021 puede verter vino nuevo en nuestros odres, vaciados con esmero.  

Podemos vaciar la mente de quejas y tendremos una visión luminosa. Cuánta abundancia quedarse  con lo bueno de cada suceso. Podemos vaciarla de la auto-crítica necia y la tolerancia amorosa con nosotros mismos encenderá una sonrisa en nuestro mirar. Inevitablemente nos volverá tolerantes con los demás, claro está. 

Podemos drenar la mente de su tendencia a exigir, acumular y poseer… Como por encanto, se irán disolviendo tensiones, indignaciones e irritabilidad (cuan agradecido estará nuestro cuerpo). 

Podemos darnos cuenta de que prejuzgamos, imponemos condiciones, tenemos expectativas; es decir, jugamos con los dados cargados… Al soltar estas cargas, lo que se nos concede dejará de parecernos poco.  Lo cuidaremos y lo agradeceremos, re-definiendo la abundancia. 

Se escucha latir nuestra la esperanza, de que el 2021 sea muy diferente.
Se escucha latir la esperanza del 2021, de que seamos muy diferentes. 

Recorro vuestros rostros y vuestras palabras en este cierre. Rememoro el acompañamiento que me habéis ofrecido y el que me habéis permitido dar. Escucho al alma en lo que nos dijimos y siento lo hondamente parecidos que somos. 

Os deseo con infinito optimismo, un feliz 2021, sabiendo que el camino a la felicidad, es idéntico para todos. Esa indagación honda en uno mismo, que como Lao Tse nos dijo: Es el coraje interior de quien se atreve a vivir”. 

Por: Isabella DiCarlo

Psicóloga, homeópata y escritora