Por: Ramon Rossell

Te vendrá bien saber que el frío típico de esta fecha no ha influido para nada en su carácter. Al contrario, este mes es muy entrañable, cariñoso, acogedor… Una luz de sal por todas las esquinas, un mes que cierra el año.

Y un comentario: «El diciembre congelado no se parece nada al diciembre especial», susurra alguien. Y al llegar, la colonia de Cocó y unos tipos, cada vez más usados, en boutiques y centros comerciales.

Diciembre, un mes especial, hermano. La barbacoa sobre los hombros y con ella, las primeras nevadas encendiendo de luces la Navidad. Olas en las cuales las personas se animan a soñar, se animan a reír; otros se dan permiso. Un aplauso largo, la cita y los aplausos se alargarán por 31 días, hasta que el mes se vaya.

Defensor de las causas perdidas. Sí, diciembre siempre está dispuesto a hacer justicia y a intentar crear una sociedad más igualitaria, donde las diferencias entre pobres y ricos sean cada vez más estrechas, hasta que llegue el día en que desaparezcan completamente.

Después de unos meses de aprendizaje inmenso y el final de la campaña, este otro año, año forzoso con un clima de aprendizaje. Allá en lo alto, pandemia, la vacuna es el alma. Hermanos de sombrero duro, el que los llevó a Rusia. Hermanos de sombrero de colores y flexible, el que los llevo a Katmandú. Y algunos hermanos sin sombrero alguno. Año, de aprendizaje, hermano. 

Los viejos fotógrafos le harán un día la instantánea con el jersey de canalé, las fotos de blanco y negro y el retrato de los días, bajo diferentes miradas.

Ojalá que los corazones latan muy dulces, ojalá.

Por: Ramon Rossell

Escritor Inspiracional