Por: Neus Lluna

Caminamos y caminamos, bajo el sol y lluvia, atravesando pueblos, pantanos y desiertos, hasta que llegamos al mar y ya no pudimos seguir andando. Ártax, el perrillo que me acompañaba, se tumbó en la orilla y yo hice lo mismo, descalzándome y permitiendo que las olas acariciasen mis pies. El cielo estaba despejado y la luna y las estrellas proyectaban su reflejo danzante sobre el agua.

- ¿Qué habrá más allá, donde se juntan el cielo y la tierra?- pregunté para mí misma, aunque no sé si  lo hice en voz alta o en silencio.

 

 

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