Hubo un tiempo, tan remoto que apenas las leyendas lo recuerdan, en el que todas las criaturas de este hermoso mundo vivían en plenitud y armonía, donde para comer no había sino que alargar las manos hacia el árbol dador de frutos, en aquel entonces  los espíritus de los árboles, las aguas y las rocas correteaban libremente. Un tiempo en que el viento susurraba verdades alrededor de la hoguera,  la muerte era aceptada como parte de la vida y la sabiduría iluminaba la mirada y la sonrisa.

Sin embargo, el astuto y pícaro Liante no estaba satisfecho con tanto orden. Rumiaba y rumiaba acerca de la broma que podría gastar para confundir  la mente de la gente...

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