Por: MariLuz Rojas Zurita

 Estamos viviendo momentos complicados, donde nos enfrentamos a la despedida de algún ser querido que ha fallecido, a la pérdida del trabajo, de la salud y a roturas de relaciones por no poder sostener las circunstancias difíciles por las que estamos atravesando.

 Situaciones que quizás no habíamos contemplado que pudieran suceder. Lo cierto es que creemos que las cosas y las personas son inamovibles y al vivir cambios como los que suceden en estos tiempos, entramos en shock y en una negación de la realidad.

 Vivencias que nos obligan a salir de nuestra zona de confort, a tomar decisiones difíciles y a enfrentarnos con nuestros miedos. Entramos así a un periodo de pérdida que exige vivir un duelo.

 Es este un periodo de dolor que se manifiesta por la aflicción y también se vive cuando hemos perdido nuestra rutina, que nos ofrecía estabilidad y seguridad. Así como cuando perdemos el trabajo, aquella actividad diaria que se había convertido en el sentido de nuestra vida por muchos años. 

 La vida ha dado un revés y resulta que ahora nos dicen que prescinden de nuestros servicios y eso significa que nos encontramos justo en el momento de tener que abandonar nuestro estado de confort, decir adiós a aquello que nos otorgaba la aparente estabilidad en la vida. 

 La situación nos traslada al inicio de un nuevo camino, completamente desconocido. Estábamos muy cómodos y confiados en nuestra seguridad. Y de improviso, sufrimos una pérdida y entramos en un duelo profundo ante la estabilidad perdida.

 La primera etapa que se vive después del shock de la noticia es la negación, no querer aceptar la realidad.Etapa dolorosa que dificulta avanzar, ya que se está entre el apego y la nostalgia de lo seguro que se tenía, una relación o el trabajo de “toda la vida”.

 Una vez que se atraviesa la negación viene la rabia. Nos enfadamos con el mundo por tener que vivir esta situación, no queremos entender el por qué nos toca vivir este drama.

 La siguiente etapa es la depresión, profunda tristeza, vacío y aislamiento. Entramos temporalmente en un periodo de incertidumbre por lo que vendrá hasta que hacemos las paces con la pérdida.

 Después, entramos a una etapa de aceptación donde soltamos la experiencia para aceptar las nuevas que llegan a nuestra vida, aunque sean diferentes, pero nos abrimos a tomar las que la vida tiene para nosotros.

 Y finalmente, después de vivir ese periodo doloroso, salimos de la etapa de duelo para comenzar a vivir y plantearnos nuevos retos y proyectos en la vida.

Por: MariLuz Rojas Zurita.
Terapeuta Holística. Facilitadora en Constelaciones familiares.
Coaching Periodismo y ciencias de la comunicación.
mariluzrojaszurita@gmail.com · +34 659 18 26 65