Por: Margaret Mora

El budismo define las emociones perturbadoras como todo aquello que por su mero surgir, perturba la mente y la mueve de su estado natural. Los tres venenos (o tres emociones perturbadoras principales) son el apego, la aversión y la ofuscación. A menudo se les suma el orgullo y los celos formando las cinco emociones perturbadoras básicas.

La práctica budista está centrada en trabajar con la propia mente: reconocer el estado actual en el que nos encontramos, es decir, reconocer la presencia de estas emociones perturbadoras. Luego, examinarlas, conocer lo que son realmente, ver su causa, modus operandi y efecto. De esta manera domar la mente, que tiene tres niveles:

  • El primer nivel sigue el significado literal, cuando las emociones son muy fuertes y nos desbordan, hemos de procurar contrarrestarlas con antídotos, apaciguarlas y hasta evitarlas; hemos de domarlas. 
  • Posteriormente, cuando ya no nos controlan tanto, las podemos transformar. Las emociones surgen de la mente, siendo su esencia pura; por lo tanto, la esencia de las emociones también es pura. En el fondo son expresiones de amor, compasión y sabiduría, así que cuando ya hemos progresado en el cultivo de la calma mental, podemos usar nuestras emociones para incrementar el cultivo del amor, la compasión y la sabiduría. 
  • Y en un tercer estadio, se puede mirar directamente a las emociones, a través de ellas reconocer la naturaleza de la mente y así liberarnos de la ignorancia.

Todo esto lo digo para que nos hagamos una idea general del camino y para refutar la concepción común de que en el budismo se rechazan las emociones. Probablemente todos estemos en el primer estadio, donde a menudo ni siquiera reconocemos el surgir y los efectos de las emociones, por lo que obviamente también ignoramos sus causas profundas y su verdadera naturaleza. En esto la práctica de la meditación es el mejor aliado, porque nos permite calmar nuestra mente y así poder reconocer lo que ocurre en nuestro interior, ver cómo contribuimos al aumento de nuestro propio sufrimiento, a la vez que nos aporta los método para salir de nuestro propio círculo vicioso. 

las emociones que perturban

Las emociones del apego y aversión no serían un problema si no nos trajesen sufrimiento. No solo nos causan el sufrimiento futuro, sino que en el mismo instante que las experimentamos nuestra mente no está en paz. Además, solemos estar tan agitados que ni nos damos cuenta.

Ahora bien, estamos tan habituados al apego y la aversión, hasta el punto que nos mueven durante casi cada instante a lo largo del día, que ni siquiera nos percatamos de ellos. Es como la frase: «Está tan cerca que no se ve». Y aunque nos percatásemos de la presencia de estas emociones, se han convertido en algo tan normal que las vemos como imprescindibles para nuestra subsistencia y como algo que forma parte de quienes somos, para bien o para mal.

Antes de seguir indagando en las emociones, es importante hacer una aclaratoria sobre la diferencia entre el apego y el amor, porque gran parte de nuestros apegos los justificamos en nombre del amor. En palabras de Jetsunma Tenzin Palmo: «Pensamos que el apego que tenemos en nuestras relaciones indican que sentimos amor, cuando en realidad es simplemente apego y nos hace sufrir. Mientras más fuerte queremos agarrarnos, más miedo sentimos hacia la pérdida, y cuando llega la pérdida, el sufrimiento es inmenso, debido a nuestro fuerte apego. El apego dice: “Te amo y por lo tanto quiero que me hagas feliz”. El amor dice: “Te amo, por lo tanto quiero que seas feliz; si yo estoy incluida en ello, bien, y si no, también. Simplemente quiero que seas feliz”. El apego es un agarre muy fuerte. El amor es sostener gentilmente, nutrir y permitir que las cosas fluyan. La gente suele pensar que mientras más se agarren a alguien, más están expresando su cariño, pero no es cierto, simplemente se están agarrando fuertemente porque temen que en caso contrario ellos resultarán heridos». 

El maestro vietnamita Thich Naht Hanh nos dice: «El verdadero amor hace que tú y la otra persona sufran menos. Es algo que te hace a ti y a la otra persona feliz. El amor verdadero trae libertad, tiene el poder de traer felicidad».

Por: Margaret Mora

Física, estudiante de Neurociencia, Lama Budista y traductora e interprete del Tibetano.