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Cerro Bartolo, en el enclave del Desierto de Las Palmas (Castellón).

LUCES EN LA OSCURIDAD PARTE II · Jorge Xibillé M

Oct 13, 2020 | Fotografía

Por: Jorge Xibillé M

PARTE II

La medición del cuadrante del meridiano terrestre:

La historia que llevaría a Méchain a la playa de Barcelona y a Aragó a la cumbre de S’Esclop se inicia en 1790 en París cuando, siguiendo los principios de racionalidad y de universalidad de la Ilustración que habían inspirado el triunfo de la revolución francesa en 1789, se decide buscar un patrón de medida basado en un elemento natural que pueda ser aceptado en todo el mundo y que venga a sustituir el caos de medidas existentes hasta la fecha y que dificultaban en gran medida el comercio entre las diferentes regiones de Europa. 

Las medidas de longitud, capacidad o peso eran fruto de experiencias acumuladas durante siglos por los habitantes de pueblos o regiones y se basaban en muchas ocasiones en criterios antropomórficos. Por ejemplo, “la vara” es la medida de un brazo desde el codo hasta la punta de los dedos. Posteriormente la vara se subdividía en palmos y dedos. Obviamente no es una medida exacta porque no todas las personas son igual de altas.

También a veces se empleaban términos como el de los “jornales” necesarios para arar un campo para su medición. Era un indicador de las condiciones del terreno. El problema consistía en que estas medidas eran locales y diferían incluso entre pueblos vecinos con las dificultades que esta situación conllevaba, como ya se puede imaginar fácilmente.

Se buscó una medida basada en la naturaleza de tal manera que todos pudieran utilizarla. Se le dio el nombre de “Metro” basado en el término griego “Metron” que quiere decir medida. Se decidió que el elemento natural que iba a definir la medida del metro sería el cuadrante del meridiano terrestre, de tal manera que el metro sería la diezmillonésima parte del mismo.    

Se tomó como referencia el meridiano terrestre que pasa por París y se limitó la medida al tramo del mismo comprendido entre Dunkerke al norte de París y Barcelona al sur. Era imposible su medición completa desde el polo hasta el Ecuador. Luego, mediante el empleo de fórmulas matemáticas, se obtendría la medida completa del cuadrante.

Partieron dos expediciones, la del norte al mando del científico Delambre y la del sur al mando del mencionado Méchain. El método que se empleaba era el de la “triangulación”, basada en la trigonometría, consistente en determinar las medidas de dos lados de un triángulo a partir de la medida conocida del tercer lado y de los grados de los ángulos que se forman entre el lado conocido y los que hay que medir. También permite saber la distancia en la que se sitúa el punto donde se unirán los lados que queremos medir.

El aparato que se empleaba para medir los ángulos es el mencionado “Circulo Repetidor”. Hay que decir que la triangulación es el mismo método que empleamos actualmente con el GPS para situarnos en la tierra, aunque obviamente basado no ya en medidas ópticas sino en señales de radio.

El caso es que Delambre terminó sus mediciones en 1797 pero Méchain pidió más tiempo para terminar las suyas. El problema con el que se encontró es que, habiendo terminado las mediciones en el castillo de Montjuic en Barcelona, posteriormente realizó otras a través de las cuales detectó un pequeño error en las que ya había realizado. 

Pero no había demora posible porque en París les esperaba una “Comisión Internacional” para estudiar los datos aportados por los dos científicos y determinar la medida del metro que por fin se definió el día 10 de diciembre de 1799 y que fue refrendado por Napoleón Bonaparte. Pero Méchain que era un sabio y un filósofo no estaba satisfecho porque sabía que existía un pequeño error en este patrón

Este pequeño error se convirtió en una obsesión para él. Decidió ampliar la medición del cuadrante del meridiano terrestre completando el tramo comprendido entre Barcelona y Mallorca. Con ello creía que podría corregir la pequeña desviación que había detectado en sus cálculos.

Decide continuar con la triangulación por la costa hacia el sur ante la imposibilidad de determinar la distancia con la isla de Mallorca mediante el “Circulo Repetidor de Borda”. El problema era que el lente de este aparato no es tan potente como el del telescopio con el que sí había logrado el contacto visual con la isla, lo que le impedía determinar los ángulos para calcular la distancia. 

 Siluetas de la Mola de Planícia, Puig de Galatzó y s'Esclop (Mallorca), vistas al amanecer desde els Ports (Tarragona).

Siluetas de la Mola de Planícia, Puig de Galatzó y s’Esclop (Mallorca), vistas al amanecer desde els Ports (Tarragona).

Tal era su obsesión por corregir su error de cálculo que cuando estaba en Castellón de la Plana con sus mediciones, contrajo la fiebre amarilla y falleció en esta ciudad el 20 de septiembre de 1804 en casa del Barón de la Pobla.

En París se nombra a dos nuevos científicos para que continúen el trabajo iniciado por Méchain, siendo los elegidos Biot y el citado anteriormente Francesc Aragó, que contaba con sólo veintiún años en el momento de su nombramiento. 

Continúan con la triangulación hasta Alicante y de allí Biot se desplaza a Ibiza. Con Aragó en el desierto de las Palmas en Castellón, consiguen determinar la distancia hasta Ibiza. Posteriormente se desplaza Aragó hasta Mallorca para continuar la triangulación desde Ibiza y terminar la medición del cuadrante del meridiano terrestre desde la cima de S’Esclop, por donde pasa el meridiano de París.

Cerro Bartolo, en el enclave del Desierto de Las Palmas (Castellón).

Cerro Bartolo, en el enclave del Desierto de Las Palmas (Castellón).

El hecho de que Francesc Aragó hubiera nacido en Perpiñán y supiera hablar el catalán le salvó la vida porque cuando se produjo el alzamiento en Madrid del 2 de mayo de 1808 contra la ocupación francesa, Aragó aún estaba trabajando en la cima de S’Esclop.

En Palma se acordaron del francés que estaba en lo alto de una montaña y se comunicaba por las noches con sus compatriotas mediante hogueras. Dedujeron que por fuerza debía de ser un espía. El 5 de mayo se envió un destacamento para que se le detuviera pero avisado Aragó,  bajó y se cruzó tranquilamente con ellos hablándoles en mallorquín, por lo que los componentes del destacamento no sospecharon en ningún momento que él fuera el francés al que iban a detener.

Su retorno a Francia fue aún más rocambolesco si cabe. Huyendo del Castillo de Bellver donde se había refugiado, se desplazó en barca hasta Argelia. Tuvo que hacer dos viajes de ida y vuelta entre España y Argelia por las dificultades del desembarco. Tardó once meses en llegar a Francia donde ya se le daba por muerto.

El resultado de tantos desvelos fue el de confirmar las sospechas de Méchain. El patrón del metro aprobado en París en 1809 tenía un error de 2 milésimas de milímetro. Bonaparte lo dio por bueno y éste no se modificó, pero por fin Méchain pudo descansar en paz, habiendo ajustado la medida del cuadrante del meridiano terrestre. De esta manera, nuestro humilde S’Esclop entró en la historia de las mediciones geodésicas

Conclusión:

Evidentemente han pasado muchos años y el abismo tecnológico entre los medios disponibles a principio del siglo XIX y los actuales son enormes, pero lo que sí me parece percibir es que en el fondo permanece este halo de romanticismo y de aventura que lleva a determinadas personas a realizar estas actividades arduas y solitarias animados por un afán de perfección y por la quimera de un resultado positivo y hermoso, asumiendo al mismo tiempo la posibilidad de un éxito incierto. ¡Bravo por los buscadores de luces en la oscuridad!

Por: Jorge Xibillé M

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