Por: Jaime Xibillé Muntaner

Casi sin duda podría decirse que Xavier Corberó vivió en un mundo metafísico, entendiendo esta palabra no como una derivación de la metafísica occidental, y de la estética fundamentada en lo bello, lo verdadero, y lo bueno, sino más bien, desde una óptica Kantiana, que puso a la estética en su lugar, luego de haber diferenciado las facultades del ser humano de forma tripartita: el entendimiento, la razón y la sensibilidad. Lógicamente todo esto, bajo la nueva episteme abierta desde Descartes, quien le dió privilegio a una nueva figura inédita hasta entonces de la centralidad del universo en la subjetividad humana.

En Kant, las tres facultades se interrelacionan, pero cada una tiene un privilegio, por ejemplo, el Entendimiento es el encargado de establecer las leyes y las normas que rigen el universo físico, por otro lado, la Razón seria la facultad que tiene a su cargo la producción de Ideas que no tienen una posibilidad de mostrarse, como puede ser la Idea de Dios, del Mundo, de la Libertad, del Infinito, de la Humanidad, etc.

Desde esta nueva episteme, la Sensibilidad ocupa un lugar destacado, en lo que respecta al arte y a la estética en un sentido amplio, y desde ese momento la metafísica pierde su privilegio restringido, abriéndose hacia una multiplicidad de estéticas, encontrando por ejemplo, en el romanticismo, una veta hacia lo grotesco, hacia lo sublime, lo pintoresco y otras variantes que se irán implementando a lo largo del siglo XIX y XX.

Hacia finales del siglo XIX comienzan a emerger nuevas figuras, que se irían conceptualizando poco a poco, como lo siniestro, lo inquietante, que llegó a ser formulado finalmente por De Chirico como una estética metafísica, que se aproximaba más a los descubrimientos freudianos y a los aportes de los artistas del surrealismo. Al mismo tiempo las nuevas experimentaciones de los escultores catalanes como Pau Gargallo y Gaudí, y posteriormente con artistas como Max Ernst, Woody Allen, Magritte, Dalí, Picasso y muchos otros, que fueron amigos tanto por las influencias, como por la relación personal que él tuvo con ellos. Esto permitió que poco a poco las obras adquiridas lo mismo que las influencias de los artistas de su época, enriquecieran su casa museo, cuya construcción inició desde la mitad de su vida y luego de su muerte aún sigue creciendo. En los documentales realizados sobre su personalidad y su obra en particular, encontramos que Corberó la inició con la compra de naves industriales a las que fue adjuntando casas vecinas, que se fueron transformando en un auténtico laberinto de estudios, de salas de estar, galerías, talleres, etc.

El arquitecto escultor no quiso que su obra se erigiera en medio de un vacío urbano, en compañía de otras arquitecturas, como las que aparecen en los cuadros metafísicos de De Chirico, sino que estuviera rodeada también, de forma inquietante, de una frondosa vegetación, que permiten que la casa museo se eleve como una fantasmagórica ruina, en medio de la “naturaleza silvestre”.

Video Museo de la Metafísica Parte I

Video Museo de la Metafísica Parte II

Jaime Xibillé. ConCiencia Magazine

Por: Jaime Xibillé Muntaner

Doctorado en Historia y Arte