Por: Margaret Mora

Tras el cargado e insólito 2020, todos esperabamos con esperanza o algo incredulidad un 2021 con más alegría y libertad. 

Cómo evolucionará la situación global y la de nuestro país es difícil de prever. La mala gestión política y las injusticias sociales están a la orden del día; lo que sí podemos hacer es mirar en nuestro interior y sentir lo que sea que estemos sintiendo: alegría por las navidades y por todo lo que tenemos, más soledad y tristeza por las supuestas fiestas, fuerza interior para afrontar los constantes cambios, abatimiento y fatiga, esperanza, desesperanza, amor, resentimiento, comprensión, desconexión,.., todo es válido, a la vez que fluctuante.

Lo que solemos hacer es caer presa de nuestras emociones y estados mentales o entrar en batalla con ellos para suprimirlos y eliminarlos. Pero lo más efectivo es recibirlos como si se tratase de alguien quien nos viene a visitar, escucharle, consolarle, comprenderle y desde nuestra sabiduría interior —que sí, todos la tenemos— ofrecerle consejo, y hasta agradecerle que viniese, porque así pudimos reconectar con nosotros mismos, con nuestra sabiduría interior, y, a la vez, cultivar la empatía y la comprensión hacia los que están en una situación similar.

La felicidad interior no es estar siempre sonriendo, cantando y bailando; es más bien recibir con coraje, atención y confianza en nosotros mismos —en nuestro ilimitado potencial— cada nuevo momento y hacerlo con el corazón abierto, conscientes de nuestra interconexión con todo lo que nos rodea. Es reconocer un maestro en cada situación que se nos presenta y cultivar una actitud benevolente, lista para prestar una mano a quien lo necesite. Es poner nuestra confianza en nuestra bondad y sabiduría innatas; es sembrar semillas de felicidad en nosotros y los demás. Podemos vivir así este nuevo año, cada nuevo día y cada nuevo instante. 

Por: Margaret Mora

Física, estudiante de Neurociencia, Lama Budista y traductora e interprete del Tibetano.