Por: Jaime Xibillé Muntaner

Doctor en Historia y Arte

El pintor deambula libremente con sus formas, con sus colores, con sus iconos y con sus figuras humanas  por  hilos, por senderos, por vías que parecen no conducir a ninguna parte, pero que al mismo tiempo llevan a todos los lugares. Espacios enfebrecidos como los que recorre la Alicia postmoderna en la película Laberinto de Georges Lucas. “Alicia en el país de las maravillas» es trasladada a un mundo más moderno y su viaje es interpretado como un vagar entre corredores y cruces, hasta una salida final. Un «recorrido–juego», en fin, en el que a cada encrucijada se encuentran por añadidura numerosos obstáculos y aventuras a superar.  El laberinto juguete se ha hecho contemporáneo, se ha hecho semejante a todos los videojuegos existentes en el mercado, cuya estructura está constituida precisamente por un viaje al interior de los senderos (a menudo sin salida) de un laberinto, a veces presentado como tal, a veces construido a medida que el viaje se realiza (…) y los corredores excavados diseñan el vaivén minoico clásico”.

El Rizoma Urbano

Gilles Deleuze

Ser rizomorfo es producir tallos y filamentos que parecen raíces, o todavía mejor, que se conectan con ellas al penetrar en el tronco, sin perjuicio de hacer que sirvan para nuevos usos extraños. Estamos cansados del árbol. No debemos seguir creyendo en los árboles, en las raíces o en las raicillas, nos han hecho sufrir demasiado. Toda la cultura arborescente está basada en ellos, desde la biología hasta la lingüística. No hay nada más bello, más amoroso, más político que los tallos subterráneos y las raíces aéreas, la adventicia y el rizoma. Ámsterdam, ciudad totalmente desenraizada, ciudad – rizoma, con sus canales – tallos, donde la utilidad se conecta con la mayor locura, en relación con una máquina de guerra comercial. (…)

(…) El pensamiento no es arborescente, el cerebro no es una materia enraizada ni ramificada. Las erróneamente llamadas “dendritas” no aseguran la conexión de las neuronas de un tejido continuo. La discontinuidad de las células, el papel de los axones, el funcionamiento de la sinapsis, la existencia de micro fisuras sinápticas, el salto de ese mensaje por encima de esas fisuras, convierten el cerebro en una multiplicidad inmersa en su plan de consistencia o en su guía, todo un sistema aleatorio de probabilidades: ‘uncertain nervous system’.

La metrópolis no es un árbol, es una expansión rizomática que a veces produce concreciones o nudos que a su vez se pueden volver puntos de fuga, nuevas ocasiones de desterritorialización y proseguir su camino proliferante.

CONJUNCIONES MAQUÍNICAS

 Aunque esta poética de lo tecno – maquínico está presente en toda la obra de Rivillas vale la pena observar con detenimiento en especial dos cuadros: Rapaz (1999) y Final de la ciudad y sus caminos (1999), donde el espacio claustrofóbico y frío de las estructuras profundas tecnológicas se convierte en un escenario fractalizado de luchas entre polaridades que no viven separadas, sino atravesándose continuamente en un mar turbulento y agitado: hombre/técnica, orgánico/geométrico, curvo/lineal, figurativo/abstracto, presencia/ausencia, presente/pasado, movimiento/estático, cromático/lineal, textual/figural, etc. Es en este universo compacto, abigarrado, claustrofóbico donde se narra nuestra experiencia de metropolitanos del siglo XXI, en el cual veremos emerger «Los Polificios» que albergarán comunidades de tamaño parecido al de los antiguos pueblos.   

DERIVAS Y SIGNOS ESQUIZOS

La metrópolis es por excelencia el lugar de los procesos de descodificación y desterritorialización de todo cuanto en ella existe. Terror, modernización, conversión de todo en flujo intercambiable, procesos de inmaterialización, lugar de movilidad y de cambios perpetuos.

 Las imágenes y las lenguas que “hablan” los cuadros de Rivillas dan cuenta de esta esquizosemia creciente en la que los signos pierden sus significados estables y graves y las formas así aligeradas se desestructuran para formar fragmentariamente otras totalidades.

 Si nuestra ciudad se ha balcanizado hasta puntos jamás concebidos y nos hemos fractalizado en tribus con vestimentas y códigos de conducta heteróclitos, esto quiere decir que nuestras sensibilidades se han descentrado así como nuestro modos de ver el mundo.

 

UNIVERSOS CITACIONALES 

La obra de Rivillas respira a historia y  memoria. Estas son para el artista más que todo un sentido de herencias que se diseminan en los espacios materiales y espirituales de la ciudad y de su cultura. Herencias compuestas de legados recientes o de otras más ancestrales que, sin darnos nunca cuenta de ello, viven con nosotros en las sombras o bajo el techo del olvido o bajo la amnesia que la “presenticidad” (estado de perpetuo presente) de los acontecimientos suscita.

 ¿Cómo rescatar estas memorias perdidas? Ante todo afrontando nuestros espacios “urbano–culturales” como si de un asentamiento arqueológico se tratara, dibujando sus estratos poniendo a flote sus fragmentos, trozos rescatados de la gran cantera de nuestras memorias. Disolviendo las lejanías y las cercanías, creando un lenguaje polifónico de convivencias. Apostar sin duda frente a las estructuras monológicas por estructuras abiertas que nos recuerdan el dialogismo bakthiniano que no aspira -como dice María del Carmen África- “al telos de una síntesis o resolución, sino que actúa en función de la heterogeneidad de las voces del cuadro (no en vano Bakthin define la novela como “un mosaico de citas”).  El dialogismo (…) no es un método formal ni descriptivo, ni siquiera es exclusivo del lenguaje artístico o literario: la heterogloria lo lleva de lo intralingüístico a lo intracultural, al espacio entre entidades”

 

 

Ulises: Del mito mediterráneo a las travesias del rizoma

 

 

 

De la mano de Bloom viajamos a nuestro interior y nos convierte en “Ulises”, porque la misma lectura es una odisea, con sus obstáculos, sirenas, naufragios hasta llegar a Penélope. Nos permite volver a reencontrarnos con nosotros mismos y comprobar cómo el destino queda reducido al azar. La modernidad llega al pasar de lo predeterminado a la elección. Hay que elegir tanto las relaciones humanas como nuestros actos, con decisiones que hay que tomar sobre la marcha. Como dice Sartre “estamos condenados a ser libres”.

 

 

 

Pensemos que en aquella época se debate mucho sobre el psicoanálisis; pocos años antes Sigmund Freud publica su obra “La interpretación de los sueños”. Incluso pienso que es una antítesis de la Odisea griega, pues el protagonista vuelve a su mujer, pero más que a ella, de quien está distanciado en su vida y en su pensamiento, vuelve a su cuerpo y en él derrama su ser interior, pero su ser físico y material.

 

 

 

Se trata de una reivindicación de la vida cotidiana, sin heroísmos, en donde lo que mueve a las personas son sus pequeños deseos y sus impulsos sexuales. Las amistades y que todos tenemos una historia, que si contáramos sería muy parecida o con puntos coincidentes con el protagonista y que toda la mitología, de la forma que sea nos miente, nos saca de nosotros mismos y es lo que lleva a las guerras, a destruir la vida cotidiana y su mundo particular, a cambio de ideales que no existen, que son sólo palabras.                                 

  análisis completo en: https://ramiropinto.es/escritos-literarios/ensayos/ulises-james-joyce/introduccion/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por: Jaime Xibillé Muntaner.

Doctorado en Historia & Arte.