Por: MariLuz Rojas Zurita

   Una mujer a la que acompaño en un proceso personal me hizo la siguiente pregunta: “¿Tú crees que yo soy una persona tóxica y que no merezco estar al lado de alguien?” A lo que le contesté: “No eres una persona tóxica, eres un ser con carencia afectiva y desde esa carencia demandas excesivamente amor”.

   ¿Cuándo podemos llamar a una persona tóxica?. No me gusta llamarlas de esta manera. Considero que son individuos que en realidad se mueven desde emociones muy densas y llegan a comportamientos tóxicos. Entran en una energía muy intensa que demanda excesivamente la atención de los otros y se la puede sentir en el momento que te relacionas con ellas.

   Son seres humanos que constantemente se están quejando de la situación en la que viven, continuamente demandan protección y cariño. Se sienten víctimas de la vida y necesitan que otros se hagan cargo de los que les pasa.

   En cualquier tipo de relación, sea de pareja, amigos, familia o compañeros de trabajo, la persona que se mueve con energías tóxicas contaminará con su negatividad y baja autoestima a quienes la rodean.

   Quien siempre se está lamentando afectivamente entra en un estado emocional que por su propia naturaleza bloquea las capacidades creativas del cerebro. La habilidad de resolver las circunstancias del presente queda eliminada porque el individuo queda atrapado en el lamento de lo que ocurrió en el pasado. 

Personas Tóxicas. MariLuz Rojas Zurita

   Los estados emocionales sostenidos en el tiempo -la tristeza vital, el resentimiento, la frustración existencial- hoy en día se consideran estados tóxicos de la mente y todos ellos tienen repercusiones en distintos órganos. Por ejemplo, dañan el corazón, provocan diabetes, afectan al cerebro, son capaces de matar neuronas, bajan el nivel del sistema inmune. 

   Las personas que quedan atrapadas en energías tóxicas se convierten en adictas de estados emocionales que las mantienen en una postura de víctimas del entorno, por lo cual, solo piensan en sí mismas y sus necesidades, sin tener en cuenta ni por un momento los sentimientos de los demás. También, son destructores emocionales a base de constantes críticas, miedo, culpa y negatividad, que por lo general comienzan hacia sí mismos.

   Al igual que en cualquier hábito tóxico, los que entran en este círculo vicioso de emociones necesitan ayuda para poder salir de allí. Por lo general, detrás de los comportamientos perjudiciales hay inseguridad y baja autoestima. Al mismo tiempo, pueden presentar características narcisistas que compensan la falta de amor propio. 

MariLuz Rojas - ConCiencia Magazine
Por: MariLuz Rojas Zurita.
Terapeuta Holística. Facilitadora en Constelaciones familiares.
Coaching Periodismo y ciencias de la comunicación.
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