Por: Jorge Xibillé Muntaner

Dicen que África tiene un encanto especial y que los que la visitan quedan enamorados no sólo de sus paisajes, sino sobre todo de la calidez y de la espontaneidad de sus habitantes. Esto es lo que le ha sucedido a Emiliano Matesanz.

Emiliano es un artista juguetero residente en la localidad de Costitx, en el centro geográfico de la isla de Mallorca. Su taller ocupa una antigua nave industrial en las afueras del pueblo. Allí se dedica a recuperar y a transformar materiales que otros desechan en artefactos lúdicos, haciendo las delicias de los niños que se encuentran con una propuesta de juegos totalmente novedosa para ellos.

Porque la propuesta que hace Emiliano para que los niños jueguen nos retrotrae a épocas en las que cualquier objeto, con el empleo de la imaginación, podía convertirse en un juguete.

Conecta con este primitivismo presente de forma espontánea en todos nosotros mientras transitamos por la infancia, en la que hasta una caja de zapatos puede convertirse fácilmente en un camión de juguete, porque lo importante a esa edad es jugar con cualquier cosa, independientemente de la utilidad práctica del objeto en cuestión.

Emiliano Matesanz. Proyecto freetown

Durante años ha paseado su carrusel de chatarra a pedales por todas las ferias y fiestas de los diferentes pueblos de la isla, donde además del carrusel instala numerosos juegos, todos ellos fabricados a base de materiales reciclados.

Los niños descubren que existen otras propuestas para jugar alejadas de los ordenadores y de las pantallas y que divertirse no tiene por qué ser una actividad dirigida por sofisticados programas informáticos. Aquí se trata de que dejen volar su imaginación y que vuelvan a sentir a ese niño que se divierte con las cosas más sencillas que hay a su alrededor.

Emiliano Matesanz. Proyecto freetown

En el año 2017 Ebrima, un maestro de escuela residente en la aldea rural de María Lower de la región de North Bank en Gambia, contactó con Emiliano después de que algunos artistas visitaran su aldea y le hablaran del proyecto de este último denominado “Lila juegos reciclados”. 

El caso es que en Gambia hay muchos niños con muchas ganas de jugar. También hay mucha chatarra y pocos juguetes y aún menos parques infantiles. Así que de este contacto surgió un proyecto de colaboración para el año 2018 con esta escuela rural, consistente en llevar el carrusel a la aldea de Ebrima y además, construir allí con sus alumnos diversos juegos a base de material reciclado que se quedarían, una vez terminados, en las escuelas y parques públicos del país.

Este fue el primer contacto que tuvo Emiliano con África. Allí percibió que su propuesta conecta de maravilla con esos niños que, a pesar de las dificultades que les rodean, siguen siendo niños con unas ganas tremendas de jugar y que al carecer de muchas de las cosas que para nosotros son elementales, disfrutan con cualquier objeto que ellos mismos transforman en un juguete, porque de lo que no carecen es de una tremenda alegría de vivir.

Constató que la parte didáctica que conlleva su propuesta es importante porque se trata de que los niños, además de divertirse, aprendan el oficio y de que participen de todo el proceso de fabricación del juguete o del juego, desde la recogida de la chatarra hasta el trabajo de taller que acabará convirtiéndola en un objeto lúdico, terminando con la exposición del mismo en plazas o lugares públicos para el disfrute de todos.

Pensó que si con todo este trabajo también los niños pudieran obtener unos ingresos que les ayudaran a ellos y a sus familias, se habría conseguido cerrar el círculo: Además de divertirse y de aprender un oficio, dispondrán de un medio para ganarse la vida.

Esta semilla prendió y en el siguiente año del 2019 se desplazó de nuevo a África por invitación del orfanato de sordomudos “Les Cajoutiers”, situado en la población de Waram, en Senegal. 

Se trata de un colegio que acoge a sordomudos  y que tiene escolarizados a estos niños con graves dificultades de integración en la sociedad por razón de su deficiencia y que de otra manera, vagarían por las calles de las ciudades en situación de mendicidad.

Allí puso en práctica su proyecto que consistió en la construcción de un carrusel de chatarra igual al que él emplea en Mallorca. Con la colaboración de los niños se construyó el carrusel y una vez terminado, actualmente es empleado por ellos mismos ubicándolo en fiestas o ferias del país, lo que les permite obtener algunos ingresos económicos que obviamente les facilita su difícil trabajo de integración social.

Este año 2020 ha sido un año raro por las razones que todos conocemos, pero no por ello perdido. Este parón forzado le ha servido para plantearse un nuevo objetivo en línea con los anteriores y esta vez los destinatarios serán los niños de uno de los países menos desarrollados de África: Sierra Leona.

Nos ponemos en contacto con Emiliano para que nos explique en qué consiste este nuevo proyecto que está apunto de arrancar:

 

Conciencia Magazine: ¿Por qué le preocupan tanto los niños? Y, ¿por qué cree que el juego es importante para su desarrollo?

-Emiliano Matesanz: Creo que en la educación está la clave de muchas cosas. Si queremos crear un mundo más justo hay que trabajar desde el principio. En realidad los niños no me preocupan, me preocupa lo que hacemos los adultos con esos niños. Me preocupa cómo acompañarlos y cómo podemos ayudarlos para crear un entorno adecuado, que potencie esas cualidades innatas que hay en la infancia. El juego  además de un derecho, es un motor creativo que nos ayuda a ampliar nuestro conocimientos en un montón de áreas. Con el juego socializamos, nos divertimos, es importante para el desarrollo psicológico del niño. 

-Conciencia Magazine: ¿Por qué razón ha elegido la ciudad de Freetown en Sierra leona para desarrollar su nuevo proyecto?

Emiliano Matesanz: En realidad, al igual de lo que nos pasó con Gambia o con Senegal, son los lugares los que nos eligen a nosotros. Hace dos años nos visitó aquí en Mallorca alguien que ahora es un amigo muy querido. Había visto por las redes sociales algo de nuestro trabajo en Gambia y él, que ya llevaba y lleva muchos años en Sierra Leona, construyendo escuelas, letrinas y pozos de agua entre otras muchas cosas, se le ocurrió que nuestro trabajo podría ser útil allí. 

-C.M.: Este nuevo proyecto, ¿sigue la línea que ha definido sus anteriores viajes a este continente? ¿Cuáles son sus objetivos?

E.M.: Sigue la misma línea, pero contamos con algo de más apoyo, lo que nos permite desarrollar un programa más amplio. Vamos a trabajar con cuatro grupos de niños con problemáticas diferentes, realidades muy duras. 

-C.M.: ¿Se trata de una estancia larga? ¿Qué calendario se han propuesto?

-E.M.: En este primer ciclo vamos a estar 10 meses, desde marzo a diciembre de 2021. Es nuestra primera vez en Sierra Leona, hay que ver cómo se desarrolla el proyecto y su impacto en la comunidad para seguir avanzando en el futuro. 

-C.M.: Sabemos que Sierra Leona es un país difícil por las recientes guerras civiles y por problemas sanitarios. Normalmente, ¿viaja solo o tiene colaboradores que le acompañan?

-E.M.: Normalmente viajamos entre 3 y 5 personas, pero este año sólo seremos dos. Ya veremos en el futuro, pero ahora mismo es necesario ajustar al máximo los gastos y creo que ahora es importante apoyarse en la gente que ya está allí. 

-C.M.:  En los dos viajes anteriores se ha desplazado desde España por sus propios medios. ¿Cómo han sido estos viajes?

-E.M.: Han tenido algo de odisea, pero a mí me han cambiado la vida por completo. Hemos hecho más de 20.000 kilómetros entre Marruecos, Mauritania, Senegal y Gambia. Construimos un carrusel a pedales en un orfanato para niños sordomudos, visitamos aldeas, escuelas y ciudades. Construimos juegos con los materiales que encontramos. Nos pasaron muchas cosas por el camino, cosas buenas y también cosas malas. Pero creo que queda todo por hacerse y que estos primeros viajes apenas son el principio para poder desarrollar allí un proyecto más amplio. 

 

-C.M.: Son muchos Km de caminos, de carreteras y muchas poblaciones por las que han transitado. ¿Cómo ha sido normalmente la acogida en estos sitios?

-E.M: Allí la gente es fantástica, muy cariñosa y acogedora. Es difícil de explicar, nosotros llegábamos con una propuesta bastante diferente a lo que ellos están acostumbrados. En la mayoría de los lugares que estuvimos los niños nunca se habían subido a un carrusel ni habían visto un espectáculo, así que siempre había mucha ilusión y expectativa, por lo que luego irse era muy difícil. 

-C.M.:  En esta ocasión, por el problema sanitario mundial que nos afecta, parece que el desplazamiento tendrá que hacerse de otra manera. ¿Cómo piensa llegar hasta Sierra Leona?

-E.M.: Por ahora las fronteras terrestres están cerradas, así que este año nos toca ir en avión. Llevaremos un carrusel y herramientas en un contenedor marítimo. 

-C.M.: En un período tan largo pueden surgir diferentes problemas que en ocasiones no se podrán solucionar desde allí. ¿Cuentan con algún equipo de apoyo logístico en España?

-E.M.: Este es un proyecto muy personal, diría familiar, y aunque ha pasado mucha gente, este es un camino que empezamos con Elena Xibillé hace casi cuatro años y ha sido entre nosotros que lo hemos ido desarrollando a lo largo del tiempo. En Freetown contamos con el apoyo de los salesianos de Don Bosco, que son los que nos dan la infraestructura para trabajar. Trabajaremos con los niños que alberga el complejo “Don Bosco Fambul”. Niñas víctimas de la explotación sexual, niñas y mujeres víctimas de violencia, niños de la calle y niños con problemas con la ley. 

Aún falta definir algunas cosas sobre cómo seguirá funcionando nuestro proyecto en España. 

-C.M.: En los anteriores proyectos la asociación “Lila juegos reciclados” se ha hecho cargo de la financiación de los mismos. ¿Ha sido difícil obtener los fondos necesarios para acometerlos?

-E.M.: Sí, ha sido muy difícil y aún hoy continuamos pagando esos viajes. Hicimos fiestas para recaudar fondos y recibimos pequeñas donaciones del público en los festivales en los que participamos, pero la mayor parte de la financiación salió de nuestro bolsillo. 

-C.M.: Para este nuevo proyecto y para aquellas personas a las que les parezca interesante y que quieran colaborar, ¿cómo pueden ayudar?

-E.M.: Este año, por las circunstancias, no podemos hacer fiestas ni ir a festivales para recaudar fondos. Todos los que quieran apoyar nuestra iniciativa pueden hacerlo en la cuenta de la Asociación LlumArt; cualquier aporte, por pequeño que sea, será de gran ayuda y tanto nosotros como los niños de Sierra Leona, estaremos eternamente agradecidos. 

Cuenta Asociación LlumArt:  ES04 2056 0019 4310 0194 7223

Sólo nos queda desearles mucho éxito en esta bonita labor de ayuda a los niños con riesgo de exclusión en Freetown y esperamos continuar en contacto con Uds. para que nos vayan contando el desarrollo de este interesante proyecto. ¡Gracias y mucha suerte!

Por: Jorge Xibillé Muntaner