Por: Neus Lluna

Hemos aprendido mucho sobre las crisis personales gracias a todos los intensos procesos que  venimos transitando en los últimos tiempos. Hemos aprendido a vivirlas como oportunidades  para nuestro desarrollo y para asumir con mayor consciencia y responsabilidad las riendas de  aquello que materializamos en nuestras vidas. 

En nuestro trayecto nos encontramos en diferentes escenarios y somos nosotr@s quienes tomamos la decisión de ir en una dirección o  en otra, de volver atrás o de quedarnos donde estamos. Así es como vamos diseñando nuestro  camino a partir de estas decisiones que tomamos a cada instante de nuestras vidas y que se  fundamentan en nuestros pensamientos y creencias, ya sean limitantes o empoderantes. 

Sin embargo, la crisis personal vivida, desde la que hemos gestado esta transformación o  aprendizaje, se encuentra enmarcada dentro de la profunda crisis social y ambiental en la que estamos inmers@s como Humanidad: cambio climático, pérdida de biodiversidad, auge de los  autoritarismos, pandemias globales… Y la responsable última del destino de la Humanidad es  la Humanidad misma. 

Hace tiempo que me ronda la idea de que nuestra evolución como  especie pasa precisamente por asumir la responsabilidad del timón planetario de forma  colectiva. Significa pasar a pensar como sociedad, como especie y como planeta del que formamos parte. Esta transición sólo la podemos realizar a partir de individuos responsables de la propia dirección y el propio bienestar, para así poder asumir la dirección de la sociedad y  el cuidado del bien común. 

¿Qué es aquello que llamamos Sociedad? De la misma forma que a partir de pensamientos y  sistemas de creencias creamos nuestra realidad personal, a partir de los pensamientos y  creencias de todos los individuos co-creamos la Realidad que compartimos las personas y el  resto de la creación. Esta realidad compartida es un espacio social y también político. Siempre  he pensado que en una sociedad evolucionada entenderemos la política como el arte de la gestión del bien común y de las relaciones humanas y con el entorno. En ocasiones me ha  parecido observar cierto rechazo hacia la palabra Política en los círculos de consciencia y la  verdad es que no me sorprende. Aquello que subyace en la sombra de nuestra psique  habitualmente tiene que ver con las heridas que arrastramos y a menudo también con  muchos de nuestros poderes que permanecen ocultos, ya que nos cuesta asimilarlos y puede que incluso nos asusten. En este caso, la Política encaja perfectamente tanto con “herida”  como con “poder”. Quizá ha llegado el momento de recuperar aquellas partes perdidas de  nosotr@s mism@s.  

Crear un sistema social y económico que ponga la sacralidad de la vida y el bien común en el  centro de sí mismo, que sea equilibrado y sostenible para todo el planeta, es el gran desafío en  la evolución de la Humanidad. Los caminos que antiguamente se trazaron para alcanzar el  anhelo de la Justicia y Bien Común, como el Socialismo o el Anarquismo, por ejemplo, se nos  antojan impracticables en la actualidad. Quizá todavía podemos aprender de ellos, pero ahora  mismo necesitamos abrir nuevos senderos desde los que alcanzar los desafíos globales que  nos presentan nuestros tiempos. 

Los procesos de participación mediante los cuales co-creamos la realidad social se pueden  entender como una respiración entre el cultivo personal del propio interior y la propia vida y  aquello que compartimos. De este modo, cuando cuidamos de nuestra vida y nos hacemos responsables de ella, contribuimos a crear espacios saludables y respetuosos. Es desde este  lugar que podemos iniciar las transiciones planteadas, el encuentro del bien común y el equilibrio.  

Con nuestro proceso de madurez aprendemos que ya no se trata de qué nos aporta el mundo  a nosotr@s, sino de lo que le aportamos nosotr@s al mundo. 

¡Gracias!

Por: Neus Lluna