Por: Isabella DiCarlo

Estamos viviendo una crisis global, que posiblemente no tiene precedentes. Los grandes cambios, los momentos en que nuestro sentido de la realidad se ve cuestionado (o se resquebraja) pueden vivirse, con conexión al alma o sin ella.  Entre una y otra forma media un abismo. Es por eso y para eso que nos tenemos los unos a los otros, para acompañarnos desde el alma en el cruce. Cruzar desde la orilla que se desmorona a la otra es posible, de la mano de nuestra propia luz interior o de la mano de alguien que ha cruzado.  

El alma es la voz sabia y amorosa que da sentido a aquello que para la personalidad es un sinsentido, una injusticia, un desastre. 

El alma es ese núcleo de resiliencia infinita que revela las lecciones de amor, en el dolor y la pérdida. El alma eres tú cuando vives de veras.
Esa identidad tan sólida, que no necesita reducir la vida a una parcela pequeña y cómoda para sentirse a salvo.
Esa identidad tan buena que no concibe que su placer sea a costa del dolor de otro.
Esa identidad tan verdadera, que ha dejado de separar el yo del tu, y sabe que todo el que llega viene para completarnos.  

Quizás en este primer San Valentín desde el inicio de la Pandemia nos sintamos (por fin) invitados,  a redefinir la amistad y el romance. 

¿Y si la amistad fuera la base de todo? “Amigo sol, amiga luna,” decía San Francisco… “Amigo lobo” decía, y el lobo de Asís dejó de arrasar la región. Él entendía tanto la verdadera amistad que había alcanzado la hermandad. ¿Y si la pandemia en realidad nos pide cuidar unos de otros? ¿Y si es un llamado a dejar de negar la interdependencia de todo con todo lo demás? ¿Y si nos dice a gritos lo que no quisimos escuchar con el mensaje del calentamiento global y la pobreza de millones? 

La Amistad como base de todo…
Amistad con el alma, para tener una personalidad iluminada.
Amistad con la pareja, para que el romance no sea fugaz.
Amistad con los hijos, para no aprisionarlos, ni descuidarlos.
Amistad con la Tierra, para no contaminarla.

Friend es free end, que redefinamos el romanticismo sabiendo que nadie llega a nosotros para ser poseído y nunca debemos dejarnos poseer. 

Friend es free end, todo pasa para algo. Cuando la lección del dolor se revele, habremos ganado grados de libertad. 

Libertad no es liberarnos de los demás, sino de nuestro egoísmo, nuestra comodidad, nuestra posesividad y nuestro afán de dominio.  

Liberarnos de los impedimentos al amor, es la única verdadera liberación. 

Feliz San Valentín. 

Por: Isabella DiCarlo

Psicóloga, homeópata y escritora