La caída de Occidente

 

 A muchos –entre los que me cuento- estar viendo en “simultáneo”, para no decir en “vivo” y en “directo”, la primera torre gemela, con esa densa nube de humo que ascendía desde los pisos superiores, nos produjo una fuerte conmoción, incrementada al instante por esa sorpresiva aparición de un avión que se dirigía directamente a la hermana gemela y en pocos minutos caían en escombros produciendo un enorme vacío no sólo en Manhattan, sino en el imaginario tanto norteamericano como mundial.

 

Lo que se conmovía era “un mundo” seguro de sus valores, de sus ideas, de sus hábitos; la noosfera y la semioesfera de los ciudadanos norteamericanos sufría un tremendo “Shock” con el cual se “liberaban” para escaparse por las redes de telecomunicación, en búsqueda de nuevos sentidos.

 

En ese momento estábamos preparando un taller sobre Las narrativas del Apocalipsis, que eran como un previo obligado para legitimar la abundante proliferación de los discursos sobre el “fin” de los tiempos (¿los modernos?) y el inicio de una “New Age” que ahora comenzaba a adquirir otros “tintes” ya no tan verdes. Así que los participantes en nuestro seminario intentaron también darle “otras” direcciones al acontecimiento conmovedor del World Trade Center –símbolo de la globalización- desplomándose.

 

“No puedo dejar de observar la expresión atónita y de desconcierto de quienes me rodean y llevan pegados a una televisión más de 130 horas esperando a que se les revele la verdad, el secreto de lo eterno, el destino de lo que llamamos “civilización”.

 

Hay quienes vieron el rostro del demonio o de Ossama Bin Laden en la siniestra nube de polvo y humo donde se consumía el símbolo. Otros no dejaron de ver el tridente del diablo en el avión que penetraba hiriendo el corazón mismo de la civilización.

 

No faltaron tampoco las referencias al Apocalipsis y a las profecías de Nostradamus, acomodando simbólicamente a los referentes, en emergencia, con el terrorismo de Oriente como motor y panacea de la III Guerra Mundial y como un enfrentamiento entre el bien y el mal.

 

En el fondo parece como si la gente quisiera que realmente sucediera de una vez por todas lo inevitable, lo que ya estaba escrito en las profecías y que era malsano seguir postergando: “Porque dada nuestra fragilidad – como dice Umberto Eco en El Nombre de la Rosa- al señor nunca le ha sido, ni le es difícil, encontrar los instrumentos para realizar su venganza” (Pedro León Betancur. Universidad Nacional, Sede Medellín, septiembre 13 de 2001)

 

La máquina semiótica comienza a funcionar a toda marcha: el acontecimiento debe ser de nuevo apresado en las redes de la “representación” en el nombre de la cual se intenta anexionar las provincias donde se administra “lo real”, tal como lo dice Fernando R. de la Flor en su texto: La Península Metafísica. (Madrid, editorial Biblioteca Nueva, 1999).

 

“En cualquier caso, y en todos los casos, se trata de representaciones, es decir, de modos altamente convencionalizados de prestar existencia (visible y legible), a los valores en cada momento dominantes o necesitados de una mostración. O dicho de otro modo, se trata de tomar conciencia de la organización de un teatro donde el espíritu de un tiempo “muestra” aquello en lo que dice creer” (Pág.10).

Aquí como se puede comprender, es un teatro entendido como “happening” (Cf. Armando Silva. “Arte Público, ‘happening’ y terror”. En: El Tiempo, domingo 30 de septiembre, p. 2 – 5), es decir, como un acontecimiento que no tenía guion previo pero que la máquina semiótica debe procesar para volver a establecer, a partir del caos, el mundo. El dolor de la pérdida de sentido, la sensación de lo inmundo fue lo que convirtió la vida cotidiana del 11 de septiembre en drama humano.

 

 SILENCIO

Se despierta una pareja después de una noche de amor. En breve nos enteramos de que ella es sordomuda y él habla y escucha correctamente, siendo además diestro en el manejo de los signos para comunicarse con los sordomudos. Su hermano sufre también de esta dolencia.

Por los diálogos, parece que ella es una turista italiana y él es un guía turístico; los dos se conocieron el día anterior, realizando una visita por la loca ciudad de New York. Después de contestar el teléfono se dispone a salir, y ella le pregunta si volverá por la noche, a lo cual él le responde: ¿por qué no habría de volver en la noche? Y sin decir mucho más, abre la puerta y se marcha. Ella se entretiene, escribiéndole una carta de despedida, alejada de la televisión, diciéndole que si ella no lo deja él la dejaría. Estando a punto de terminarla, siente que algo pasa en la puerta, y cuando la abre, aparece su fugaz compañero, completamente envuelto en ceniza. Ella le pregunta: ¿Qué ha pasado? Él responde: ¿No has visto la televisión? Y frente a la chica comienza a sollozar, lleno de tristeza. La escena termina con ellos dos abrazados   

MÉXICO

El video nos pone de lleno en una escena vacía, oscura, absolutamente negra, anunciando muerte, pavor, terror, tragedia. Las comunicaciones electrónicas zumban como un avispero, crecen en tamaño y se entretejen de tal manera, que su murmullo lacerante es incomprensible, pero se entiende perfectamente: algo terrible ha pasado o está pasando. De pronto algunas voces elevan un grito ¡My God, my God, my God!, en el momento en el que la segunda torre es sacudida por el jet que la impacta, gritos desde abajo, órdenes inteligibles, movimientos sonoros incesantes, todo un Cafarnaúm, mientras las imágenes se abren en pequeños espacios de tiempo dejando ver cuerpos en caída libre, que han preferido otra muerte distinta al de ser abrasado por las llamas.

Finalmente cuando parece haberse anunciado todo, las imágenes explotan en incendios y humos, elevándose a los cielos, llenando las pantallas de humo y fuego.

SEAN PENN

Humos dantescos se elevan sobre las torres del World Trade Center, anuncian su inminente desaparición, las sombras se reflejan dentro de una habitación de los alrededores del Battery Park. Un hombre anciano abre sus ojos, poniéndose en pie mira con alegría una maceta llena de flores, que turgentes van creciendo ante su atónita mirada, son el símbolo de la alegría de su esposa, de su compañera de toda la vida. Con dicha inmensa, las toma entre sus manos, para llevárselas afectuoso a su hermosa mujer, y cuando se inclina para dárselas, nota que en vez de ella solo existe un vacío, un triste y doloroso vacío. Se da cuenta, en ese momento, que ella nunca más volverá a estar a su lado. Pone las flores en el lugar que le corresponde a su mujer en la cama, y abrazando el lecho, estalla en un torrente de lágrimas inacabables.

EL APOCALIPSIS AHORA PERO AQUÍ

 

 

No es extraño entonces que algunos vieran cómo se esbozaba la silueta de Satán, la de Ossama Bin Laden o que simplemente se viera en ese acontecimiento el Apocalipsis y el cumplimiento de las profecías de Nostradamus, por cierto transformadas por los cibernautas para que el texto y el acontecimiento coincidieran:

“Llegará del cielo el ave de la destrucción, caerán los dos tronos gemelos, arderá el fuego de la guerra con el fuego del caos y comenzará la tercera gran guerra cuando los pájaros vuelvan a volar. Y se hará en nombre de dios”. (www.nostradamus-repository.org/)

Hay también – como dice José Luis Molinuevo – algo extraño entre “la distancia de la cultura de la palabra y el poder manipulador de las imágenes, que se ha acrecentado con motivo del brutal atentado contra Estados Unidos”. Quizá habría que pensar que la cultura de la palabra tiene un carácter todavía hermenéutico, pero que la imagen desencadena una serie de emociones y de procesos irreflexivos, que llevan a seguir a las imágenes y los símbolos, más que a los contenidos que ellos poseen.

El problema de la palabra oral frente a la imagen, es que se cierra la capacidad reflexiva frente a los problemas cruciales que vive el mundo, frente a una imagen totalitaria que no tiene palabras como la destrucción de las torres gemelas que por si mismas parecieran transmitir un mensaje universal. Porque quizá lo que estamos enfrentando no es solamente el dolor que todos hemos experimentado de las muertes verdaderas a las cuales todo el mundo ha llorado, sino al exhibicionismo y a la pornografía internacional de los «mass-medias» que nos conducen no solamente a una aflicción universal por los muertos que allí hayan acaecido sino por los signos que de allí se levantan como espectros, para erigir una bandera de expiación universal.

El conflicto se convierte en una representación, la representación se convierte en una tragedia y adquiere una dimensión de estética política donde la escenografía se revienta por todos lados, pues más allá de las redes figurativas emerge el lado oscuro y tétrico de una nueva dimensión de lo que Kant podría llamar lo sublime. Si también siguiéramos las huellas del héroe, del único, del romanticismo, hoy vemos que el héroe es un texano que llama a las filas no solo a sus partidarios, a los “cowboys” de su región, sino a la comunidad internacional para que participe en una nueva heroicidad colectiva, que defienda los logros más consagrados de la modernidad activa en los países primermundistas.

.

LA SEDUCCIÓN DE LO EXÓTICO

Con la globalización se abrieron aún más las puertas hacia la otredad, permitiendo que ella invadiera también a su vez los antiguos espacios coloniales, llevando en su corazón muestras representativas de su cultura, especialmente en lo que tiene que ver con la música, el cine, el vestuario, la gastronomía y lógicamente todo lo concerniente a las materias primas, como producto fundamental de consumo.

Pero también existen otras exportaciones como la de los mismos seres humanos: ellos se asientan en diferentes ciudades de acogida y llevan sus imaginarios repletos de memorias ancestrales, modernas y contemporáneas. Son en sí mismos “figuras de lo exótico” y eso es lo que transmiten en sus relaciones íntimas.

En el caso de “Una Burka Por Amor”, la protagonista, vive un sueño de hadas cuando su novio afgano la invita a los lugares más sobresalientes, para degustar las comidas “originales”, los ornamentos corporales y de vestuario, con la forma tan fantástica que su novio le ha dado al entorno en el que vive. Un mundo extraño se va convirtiendo poco a poco en algo tan proximal que ya forma parte de su vida. Cuando ella decide casarse y viajar con su esposo a Afganistán, el mundo sin cuerpo ni figura material, va tomando nuevas formas que la hacen pasar del idilio por lo exótico a la crueldad de la cultura.       

PUNTO DE INFLEXIÓN

El acontecimiento del 11S marcó un punto de quiebro en lo que creíamos que era la guerra. Hasta ese momento ninguna potencia del mundo le había declarado hostilidades a un enemigo viviendo en las sombras, sin una geografía determinada, fluida y global en sus acciones. Casi que un enemigo invisible, al cual la nación más moderna y con el mayor poderío militar del momento, la convertía en el objeto y sujeto de esta declaración de guerra, autorizada por el senado de los Estados Unidos.

La serie “Punto de Inflexión”, inteligentemente aborda con profusión de imágenes y de entrevistas El Acontecimiento 11S, el momento crucial que se vivió en directo, gracias al mundo ya poblado de millones de cámaras en los celulares o móviles, puestos al servicio de la comunicación y de la información de los detalles del terrible desastre en su sucesión segundo a segundo.

Ahora la tarea era la de investigar por qué había sucedido, en un país con las redes más finas y densas de espionaje y de defensa preventiva, las cuales aseguraban hasta ese momento, que un suceso como el que se estaba viviendo, jamás podría ocurrir. Pero sucedió, y los episodios indagan el por qué, trasladándose a las informaciones ingentes en manos de las agencias siguiendo los movimientos de Al Qaeda en Europa y Estados Unidos, para mostrar que en el fondo ya se sabía que el acontecimiento era inminente. Eso lo confirman finalmente las células islámicas en sus libres recorridos, ya instalados en Estados Unidos, donde eran preparados por los mimos instructores americanos, para pilotar naves de gran tamaño como las que se utilizaron el día del atentado.

Las pequeñas narrativas de los actores involucrados van dibujando una narrativa mayor, que le da luces al espectador para entender como pudo suceder el acontecimiento 11S. Se van trazando diferentes líneas que conectan los atentados a las embajadas de los Estados Unidos por parte de Al Qaeda meses antes de que ocurriera el del World Trade Center, símbolo del capitalismo y la democracia occidental. Esas líneas también unen formas de “armar al enemigo”, para acabar con otro que en ese momento eran las fuerzas militares de la Unión Soviética en Afganistán. Para ello se le entregaron a las guerrillas que luchaban contra los soviéticos armas sofisticadas, que pudieran socavar con fuerza y determinación el poderío por aire y tierra de los invasores de Afganistán.    

LA MUJER Y LA TABLA DE LOS MANDAMIENTOS DEL TALIBÁN

 

La búsqueda de Osama Bin Laden como líder intelectual del terrorismo de Al Qaeda y cabecilla del ataque al World Trade Center fue desde su inicio el objetivo primordial del presidente Bush. El estadista fue respaldado por El Senado de Los Estados Unidos, quien autorizó la extraña guerra que se iba a entablar contra un grupo extremista de carácter global. Ciertamente la condición de la mujer, después de vencer a las tropas Soviéticas y tomar el poder en 1996 hasta el 2001, fue de un terrorismo totalitario de carácter micromolecular, donde cada movimiento y gesto del cuerpo femenino, estaba completamente estipulado en las leyes que el Talibán había promulgado, para su control y vigilancia, tanto en el exterior como en el interior de sus espacios. Ahora las mujeres afganas vuelven a ser rehenes del régimen del terror y la crueldad de los mandamientos del Talibán.  

Por:

Jaime Xibillé Muntaner.

Doctorado en Historia & Arte.