Por: Carlos Muquitay o el Guerrero de la luz

Ese día la Ternura amaneció más amorosa que nunca. Con su risa despertó las flores.

A su danza se unieron los pájaros. Cantó el romance del sol y la luna y cientos de niños unieron sus voces.

La zarza sintió envidia y pinchó el corazón de la Ternura. Con sus gotas de sangre ella escribió una carta de amor para la zarza.

Tan pronto como esta la leyó, de sus ramas brotaron botones de rosas y lloró, sí, lloró porque la Ternura la perdonó.

Desde entonces la Ternura riega el rosal con sus lágrimas de Amor.

Posdata: Ser y Trascender es crecer en Amor y Perdón; es vivir tu Ahora como Rayos de Dios.

Armonía

Por: Carlos Muquitay o el Guerrero de la luz