Por: Keyla Martínez Melgares

Este año está siendo especialmente duro, para todos. Cuántas situaciones hemos enfrentado; cuánto nos hemos exigido emocional y físicamente. Hemos llorado mucho, muchísimo; hemos sufrido una marea constante de rabia, frustraciones, impotencia y miedos. 

En la mayoría de esas ocasiones nos hemos sentido solos, rodeados de una aplastante incertidumbre. Y en una esquina de nuestras almas, asustados y desorientados, nos hemos encontrado a nosotros mismos; no nos ha quedado de otra que estrechar entre brazos nuestra fragilidad. 

Hay tanta pena que se cura con un simple abrazo; darlo o recibirlo siempre es un bálsamo, hoy más que nunca, no podemos prescindir de ellos. Ante la ausencia del otro, que nos hace de espejo a nuestras culpas e inseguridades, o nos consuela en nuestro desasosiego; a fuerza hemos tenido que aprender a autoabrazarnos. Hemos tenido que cerrar los ojos para vernos a nosotros mismos y así, al reabrirlos, mirar con empatía. Éste está siendo un largo período de hacernos pequeños para crecer hacia adentro, desde la humildad y la aceptación. 

Esta pandemia nos llega con un mensaje paradójico: cuida de ti y estarás cuidando de todos. Al parecer, en estos tiempos tan ajetreados que vivimos, se nos había olvidado algo fundamental: para poder amar a los otros, antes debemos saber amarnos a nosotros mismos. Así que por raro que nos parezca, no seamos necios y escuchemos lo que la vida nos está pidiendo: autoabracémonos. 

Pon tus brazos alrededor de ti mismo y recibe tu propio calor; abraza a tu ira, a tus miedos, a tus sombras, porque están aquí para enseñarte y hasta que no les agradezcas, no se van a ir. Abraza tu llanto, tu culpa, tu humanidad. Abraza a esos defectos y a esas equivocaciones, reconócelos y haz las paces con ellos. Perdónate por la presión y la impaciencia que te han provocado una ansiedad indeseada, pero a la cual, inconscientemente, haz contribuido. 

¿Todavía estás ahí? ¿Te escuchas respirar? Pues aprovecha este abrazo para celebrarte y felicitarte, por tus triunfos, los pequeños y los grandes, los actuales y los que están por venir; celebra tu coraje, tu fortaleza, tu resiliencia. Ya que estás, por qué no, hazte un enorme regalo: regálate fe, esperanza, ilusión y confianza. 

¿A qué te sientes bien? Pues ahora viene lo mejor: piensa en toda esa gente a la que añoras y aprieta con fuerza; ellos lo sentirán donde sea que estén, no tengas dudas. Cada una de las personas que amas, han dejado un poco de ellas en ti, así que cuando te abrazas, abrazas a todos a los que quieres. 

Abrázate. Hazlo porque allí afuera hay un mundo lleno de problemas que necesitan ser resueltos con amor y compasión. 

Abrázate porque mientras lo haces estás sanando, para ti y para el resto. 

Abrázate porque a este planeta le urge un cambio y tú eres el motor que lo generará; lo harás desde el autoconocimiento y la conciencia plena. 

Abrázate para que el próximo abrazo que des a alguien sea puro, intenso, consciente y lleno de magia.

Por: Keyla Martínez Melgares