Máscaras del Potlatch

 La relación fundamental que mantienen los objetos y las cosas con su uso, hace tiempo fue destruida en beneficio de una relación simbólica y significativa. El objeto ya no solamente es algo material, se convierte en metáfora, se transpone en el orden social al de las cosas mismas. 

Nuestro entorno esta constantemente emitiendo signos que pronto se transforman en elementos virtuales que viajan a la velocidad de la luz por todo el planeta y van creando su propio mundo retórico. Donde las formas más sutiles y poéticas que la alta costura elabora, parecieran volatizar a la cosidad misma, para evaporarla en un flujo enigmático, poético, dulce, que se extiende por todos los imaginarios, de lo que hace mucho tiempo, pero muchísimo tiempo, se ha venido llamando la moda. 

¿Es ella un arte? ¿Puede desprenderse de la vil utilidad, elevándose por encima de ella, para vestir primero los sueños y las fantasías de hombres y mujeres que hoy buscan incesantemente un “look” que los distinga? Cuerpos soberbios, hermosos, como salidos de los versos encantadores de los poetas del amor y de la sensualidad, de los espacios llenos de misterios y de músicas, que cantan siempre alegrías o a veces dejes de dolor y pena. 

Los signos vuelan, se asientan en las planas maravillosas de las revistas, que imprimen bellas mujeres adornadas con joyas, con encajes de celosías, que anuncian bellos cuerpos, escondiéndose tras ellos y con un cierto misterio. También flotan en los imaginarios cambiantes, donde abundan nuevos ingenios de los textiles, a veces con ansias de rememorar lejanos desvaríos, de épocas pasadas donde la utilidad siempre era sublimada con encanto y con hermosura.

El Potlatch contemporáneo, es ese gran bazar inmenso, donde las cosas se disuelven como por arte de magia, y sufren mutaciones fantásticas. Nadie pregunta jamás su valor, pues sobrepasa al lenguaje de lo económico, quizás para luego retornar con mucha mayor fuerza y potencia, dinamizando así el sistema capitalista que lo produjo. El Potlatch es nuestro grandioso derroche, cada vez más audaz, más atrevido, más impactante, lo hubieran querido hasta las tribus mas lejanas del Pacifico, donde este ritual de gasto inconsecuente y sin fin, honraba a los más dadivosos, para entronarse como emperadores de lo efímero.      

Madres paralelas

Madres Paralelas se centra en la historia de dos madres solteras, Janis y Ana (extraordinarias Penélope Cruz y Milena Smit), que deben superar una serie de baches personales en los que tendrán un peso crucial las enfermedades de sus hijas: una “inadaptación extrauterina” y una “inmadurez cerebral”. Llegados a un punto en el que las películas de Almodóvar no dan puntada sin hilo, vale la pena atender a cómo ‘Madres paralelas’ parece construida para combatir, desde su forma y su contenido, las dolencias de las bebés y niñas de la película.

Por un lado, este proceso de “sanación”, que se extiende a todos los personajes de la función y a un país, España, agarrotado por su oscuro pasado, toma forma gracias a la “madurez” de un cineasta que no necesita exhibir su genio para expresar con gran elocuencia su visión del mundo.

Afianzada en una sobriedad estilística que Almodóvar afinó en ‘Dolor y gloria’, ‘Madres paralelas’ despliega su relato de un modo casi enteramente cronológico, sobrevolando las alegrías y tristezas de sus personajes a golpe de violentas elipsis, brechas temporales que, por ejemplo, llevan al espectador desde unas cortinas que, agitadas por el viento, ocultan un encuentro sexual hasta la sala de parto que acoge el nacimiento del bebé engendrado justo antes del corte de montaje.

Acuosa y al mismo tiempo afilada, ‘Madres paralelas’ encauza los aciagos destinos de sus personajes sin aspavientos formales y con unos diálogos que hermanan la franqueza más brutal y la artificiosidad más expresiva. He ahí el sello Almodóvar.                               https://www.fotogramas.es/festival-de-venecia/a37453618/madres-paralelas-critica-almodovar/

Fue La Mano De Dios

En una bella escena, como si estuviéramos en la galería de Víctor Emanuel II de Milano, en la parte superior, un personaje circense se ve en una proeza de la cuerda floja pasando de un costado al otro con un color brillante semejante a los dorados del metal precioso. Mientras abajo en la pantalla a nivel de los ojos un subtitulo encandila por su belleza efímera: “La realidad es terrible”.

A Sorrentino parece no importarle tanto la realidad como esa fantasía que sumerge en una vida cotidiana, perpetua, a sus  personajes y espectadores. “ Sin embargo, en «Fue la mano de Dios», donde Sorrentino ha estado más cerca de la realidad, porque el director se ha abierto en canal para realizar su filme más personal hasta la fecha.

La historia que cuenta es la suya, aunque su protagonista tenga otro nombre. Un adolescente que pierde a sus padres y que salva su vida gracias a ir a un partido de su ídolo, Maradona. Un chaval que debido a esa tragedia cambia su destino y descubre que lo que quiere es contar historias, y hacerlo desde su particular mirada. (…)  

«Fue la mano de Dios», es la película más bella y emotiva -quizás también la mejor- de Sorrentino, porque ese paso atrás estético deja hueco para la verdad. Para una emoción que en otras ocasiones sólo venía de un síndrome de Stendahl y que aquí viene provocada por los personajes. Por esos padres y una relación de amor hermosa, llena de detalles como ese silbido. Por ese chaval que se enfrenta al duelo, por esa familia que vibra con el gol de Maradona con la mano en el mundial del 86 y que lo considera un acto político, una venganza por Las Malvinas.

Sorrentino consigue escenas que tocan el corazón. De las más hermosas de su carrera, como ese encuentro final con el director de cine o el momento en el que la hermana sale del cuarto de baño. Está llena de detalles.

A veces pierde el foco, le pueden sus excesos, su vena machirula, especialmente en una escena inicial que merecía una reescritura por lo menos. Pero es su película más auténtica, en la que por fin vemos al director de verdad, no en su pose autoral.

https://www.elespanol.com/series/criticas/20210903/critica-fue-la-mano-de-dios-pelicula-netflix-sorrentino-mas-contenido-personal-emociona-venecia/608940514_0.html

Freaks Out

En una entrevista realizada por Cineuropa a Gabriele Mainetti, director de esta entretejida y grotesca (se refiere aquí a la estética de lo grotesco que tiene como particularidades la fragmentación, el uso de tiempos variados o ucronías y de espacios dislocados que al final se van cosiendo con tal finura que logran un todo “freak” muy bien logrado) producción, llena de humanismo, por elogio de la alteridad y de lo anormal, que para las condiciones contemporáneas configuran nuestra propia naturaleza.

Cineuropa: ¿Por qué es importante contar la historia de “Freaks Out” hoy?

Gabriele Mainetti: mi objetivo es hablar del mundo contemporáneo a través de una historia que puede entretener a la gente. Es crucial recordar al mundo entero la gran diversidad que está en el centro de nuestro viaje humano (…). Nuestra identidad es única. Cuando tratamos de ajustarnos en el contexto social de lo “normal”, frecuentemente negamos nuestra identidad y hay una terrible rigidez que se produce en ese proceso. “Freaks Out” es un hijo de la histórica era de Trump, la cual hemos inscrito en un tiempo de “poder blanco” (…) Es por ello que hemos querido utilizar esta pelicula, para hablar acerca de nuestros aspectos freaky y el respeto que necesitamos tener para todas nuestras identidades.      

po:

Jaime Xibillé Muntaner.

Doctorado en Historia & Arte.